Qué significa anarquismo - Información, significado y ejemplos de oraciones con anarquismo

Definición de anarquismo


Definición de anarquismo
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Actualizado: 31/05/2010
  1. m. Doctrina política y social que preconiza la completa libertad del individuo, la supresión de la propiedad privada y la abolición del Estado.

Segundo diccionario:
anarquismo
  1. m. Conjunto de doctrinas de los anarquistas.
  2. Conducta política destructora de la autoridad y subversiva del orden social.
    2º artículo
  1. Voz que, derivando etimológicamente del prefijo privativo an y el sustantivo arché (autoridad) griegos, alude al sistema político, económico y jurídico que propugna la supresión de toda autoridad constituida, la libertad absoluta del individuo y la implantación de una sociedad libre en que los hombres vivan en mutua armonía sobre la base de contratos libremente aceptados y cumplidos.

    La doctrina anarquista, extraordinariamente importante en la segunda mitad del siglo xix, presenta dos aspectos históricos fundamentales: el teórico y el práctico. Apoyada en Rousseau, tiene por verdadero precursor a William Godwin, que en su obra Enquiry Concerning Political Justice (1793) se declara opuesto a cuanto signifique acción estatal, afirma que todos los gobiernos son perjudiciales aunque se emancipen de la tiranía y la superstición, sitúa la fuente de todos los males en las instituciones humanas y ataca la propiedad privada como expresión de la desigualdad de la riqueza que se opone a la igualdad natural de los hombres. Sus teorías apenas despertaron interés en Inglaterra, pero influyeron notablemente sobre los pensadores continentales. La doctrina se perfecciona en la obra de Pierre Joseph Proudhon, especialmente en su Que’est-ce que la propriété? (1840), La guerra y la paz, El orden de la Humanidad, etc. Proudhon se muestra contrario a todas las formas de gobierno y concentra sus ataques en el derecho de propiedad —«la propiedad es un robo»— al que considera causa y raíz de todos los males que afligen a la sociedad.

    El anarquismo como programa de acción política tiene su origen inmediato en la escisión producida en el V Congreso de la Primera Internacional (La Haya, 1872) entre Marx y los extremistas del partido obrero. Entre éstos figuraban el ruso Mijail Bakunin (1814-76), Guillaume, Blanqui y otros, que adoptaron el nombre de autonomistas o anarquistas. En el Congreso Socialista Universal (Gante, 1877) los anarquistas se separaron de los colectivistas por estimar imposible cualquier inteligencia con ellos.

    Gettell estudia dos formas de anarquismo: el individualista y el comunista. La primera lleva a la exaltación del individuo, en cuyas manos pone la prerrogativa del derecho de propiedad y la capacidad de asociarse o no, a su libre voluntad, con los demás individuos. La segunda, acusando un mayor sentido político y social, aspira a remplazar el Estado por asociaciones voluntarias en las cuales residen los derechos de propiedad.

    El anarquismo individualista encontró su mejor expresión en el alemán Kaspar Schmidt, más conocido por el seudónimo de Max Stirner, que en su obra Der Einzige und sein Eigen Tum (1844) afirma que la única realidad esencial es el individuo y que familia, Estado y sociedad son meras abstracciones que implican otros tantos obstáculos en el camino de la libertad. La única ley de los individuos es su interés personal; cada uno de ellos tiene derecho a un desenvolvimiento tan amplio como se lo permitan los fueros de su propio poder. En América, Josiah Warren, en Equitable Com-merce (1852), y Benjamin R. Tucker, en Instead of a Book (1893), defienden el anarquismo individualista. Según el primero, todo hombre tiene dentro de sí mismo su gobierno, su derecho, su iglesia,, y constituye un sistema. Tucker admitía que los individuos podían formar o deshacer asociaciones a su libre arbitrio y, abogando por una labor más bien doctrinal, se opuso a tendencias violentas como las preconizadas por el alemán Johann Most, exmiembro del Reichstag que, expulsado de su patria y afincado en Norteamérica, escribió Ciencia de la guerra revolucionaria.

    El anarquismo de matiz comunista tuvo por líder a Bakunin, abogado de la libre y voluntaria asociación de los individuos en grupos y de estas asociaciones en una federación universal. En la misma trayectoria se encuentra el príncipe Pietr Kropotkin (1842-1921), compatriota y discípulo de Bakunin, que en diversas obras publicadas entre 1884 y 1904, arguyendo que la existencia del gobierno y de la ley no eran más que privilegios de una clase, defendió la asociación de los grupos libres en substitución del estado, la abolición de la propiedad y el establecimiento de una renta mínima a todos los individuos. Las tendencias comunista e individualista coinciden, sin embargo, en una cosa: la abolición del estado y de cuanto organismo autoritario pretenda substituirle.

    Las ideas anarquistas han tenido muchos matices. El anarquismo activo recomienda la violencia como medio para luchar contra el estado de cosas existente. Stirner afirma que el estado no puede ser vencido más que por medio de un golpe audaz y arbitrario; para Kropotkin, el primer hecho de la revolución social será una obra destructiva. Aun los mismos anarquistas que no se distinguen por su carácter revolucionario activo justifican los hechos terroristas en algunas ocasiones; así Tucker no duda en mantener que el individuo tiene derecho a romper con todos los medios a su alcance las trabas impuestas arbitrariamente a su libertad. El anarquismo pasivo está representado por el conde Leo Tolstoi (1828-1920), que da la razón a los anarquistas cuando niegan el orden existente y consideran el peor de los males la violencia del poder, pero se la niega cuando intentan establecer la anarquía por métodos revolucionarios. La anarquía terminará triunfando, pero será porque cada vez habrá más gente que no necesite buscar apoyo en el poder del Gobierno. El anarquismo individualista, además de Max Stirner, tiene como defensores a Carneri, Hoffding y Rolph, que a fines del siglo xix exaltan el instinto egoísta de la felicidad y afirman que el fin supremo de los actos humanos no es otro que los goces de la existencia y la elección de los medios para satisfacerlos. El anarquismo intelectual tiene una importante representación en el filósofo alemán


    Friedrich Nietzsche. El anarquismo aristocrático es una tendencia que exalta a los fuertes, a los mejores, a cuya ley deben someterse los débiles e inferiores. El anarquismo eudemónico aspira a la paz universal y a la felicidad de todos los individuos; el hombre, por serlo, tiene derecho a la vida y al bienestar; como su ideal es netamente utilitario, todos los frenos, externos o internos, sociales o morales, son ficticios. El anarquismo jurídico, que apunta en muchos autores literarios, entraña una negación del Derecho y de las leyes consideradas como meras ficciones alejadas del sujeto real.

    Las doctrinas anarquistas, caracterizadas por su aspecto negativo y acompañadas frecuentemente de tácticas terroristas, han sido combatidas en todos los terrenos y florecen ocasionalmente en el campo literario más que en movimientos eficaces de real importancia política.

    A la acción del anarquismo se atribuye una serie de hechos sangrientos, entre los que se citan el asesinato del zar Alejandro II de Rusia (1881) y los atentados que costaron la vida a la Emperatriz de Austria, al rey Humberto I de Italia (1900), al presidente francés Garnot (1894) y al presidente norteamericano McKinley (1901). En Chicago, con ocasión de una demostración anarquista (1886), se produjeron desórdenes sangrientos. Donde el anarquismo ha tenido mayor número de seguidores ha sido en Rusia y en los países latinos. En Suiza se creó la Federación del Jura, de clara filiación anarquista, en tiempos de Bakunin. En los países latinos tuvo alguna importancia el anarcosindicalismo, mezcla de elementos ideológicos con carácter de movimiento de masas. En España, la Federación Anarquista Ibérica (FAI) desempeñó algún papel en la guerra civil de 1936-39, aunque tuvo grandes discrepancias con las organizaciones de tipo comunista. Muchos países, como Estados Unidos y España, han declarado ilegal el anarquismo, que, desde luego, no ha alcanzado el papel internacional que el comunismo, a quien pretendió imitar, sin conseguirlo, en sus tácticas de acción política. Véase Comunismo; Socialismo; Sindicalismo; Nihilismo; Bolchevique; Utopía; Asesinato; Huelga; Sabotaje; Resistencia pasiva.










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