Resumen de la biografía de Cid, El (guerrero de la reconquista hispana)

Breve biografía de Cid, El (guerrero de la reconquista hispana)



Biografía de Cid, El
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Actualizado: 26/10/2015
  1. (1043-1099). Guerrero de la reconquista hispana y hombre de Estado; su nombre era Rodrigo Díaz; nacido en Vivar (Burgos) y muerto en Valencia. Floreció en la corte de Sancho II rey de Castilla como «alférez» o porta-estandarte del rey. Fue desde muy joven famoso en duelos singulares que le valieron el sobrenombre de Campidoctor, Campeador. Los moros por él sometidos le llamaron Cidí o mio Cid, esto es «mi Señor». Ayudó a Sancho II en las guerras fraticidas por las que este Rey desposeyó a sus hermanos, Alfonso VI y García, de los reinos de León y de Galicia. Pero Sancho fue asesinado cuando sitiaba a Zamora (1072) y Rodrigo, como «alférez» de Castilla, antes de reconocer al destronado Alfonso VI por heredero del reino, le exigió en Santa Gadea de Burgos, el juramento legal de no haber tenido parte en el asesinato de su hermano; jura por la cual Alfonso VI miró siempre con recelo al Campeador. Alfonso casó a Rodrigo con Jimena Díaz hija del conde de Oviedo y sobrina del mismo Alfonso (1074) pero desaprobando una incursión del Cid contra los moros de Toledo, le desterró (1081). Todo caballero desterrado tenía que vivir en tierra de moros, y el Cid fue acogido por el Rey de Zaragoza, sobre el cual ejerció durante varios años uña especie de protectorado; cumpliendo esta protección tuvo que combatir con el rey moro de Lérida, que era protegido a su vez por el conde de Barcelona, Berenguer Ramón el Fraticida, a los cuales venció, haciendo prisionero al Conde barcelonés, pero le puso pronto en libertad (1082). Guando Alfonso reconquistó el reino moro de Toledo (1085), para recobrar esta gran pérdida del islam desembarcó en Algeciras el Emperador africano almoravide, Yúsuf, quien causó a Alfonso una espantosa derrota en Badajoz (1086). A causa de este gran desastre, el Rey decidió levantar su destierro al Campeador. Este, de acuerdo con su Rey sometió a tributo los moros de Valencia y de gran parte de Levante. Pero en 1089, al socorrer Alfonso el castillo de Aledo (Murcia), sitiado por el Emperador almoravide, el Cid acudió con involuntario retraso y fue por segunda vez desterrado, sin querer el Rey oir el juramento exculpatorio que el Cid propuso. El Cid, por su cuenta, volvió a combatir al Rey de Lérida, y en el pinar de Tébar (montañas de Morella) venció y aprisionó segunda vez al conde Berenguer de Barcelona (1090) el cual, ganado por la generosidad de su vencedor, le cedió el protectorado de aquellas tierras. Seguro por esa parte, se dedicó el Cid a rehacer su dominio sobre el litoral valenciano, pero tuvo que interrumpir sus guerras, porque la reina Constanza le escribió, deseando reconciliarle con Alfonso; él acudió a formar parte de una expedición que contra los almorávides de Granada dirigía el Rey, pero éste le despidió receloso e implacable (1091). El Cid volvió a persistir en la conquista de Valencia, ciudad que al fin tomó en junio de 1094, poniéndola bajo el señorío de su Rey. El Emperador almoravide que era ya dueño de casi toda la España musulmana, intentó recuperar Valencia, pero no tuvo la fortuna que en la de Badajoz, pues su ejército fue vencido y deshecho en el Cuarte, a la vista de la gran ciudad (octubre 1094). En sus últimos años el Cid hizo obispo de Valencia al cluniacense Jerónimo de Perigord (1098). Casó su hija segunda María con el nuevo conde de Barcelona, Ramón Berenguer III, el Grande, y su hija mayor, Cristina, con el infante Ramiro de Navarra, cuyo hijo García llegó a ser Rey en Pamplona y cuya nieta Blanca llevó la sangre del Cid a las familias reales de Castilla, de Portugal y de Francia. Murió el Cid en Valencia el 10 de Julio. Su viuda, Jimena, defendió la ciudad contra los ataques de los almoravides durante casi tres años, pero el rey Alfonso que fue llamado en socorro por su sobrina, no viéndose con fuerzas para conservar la conquista del Cid, abandonó Valencia (mayo 1102), llevándose el cadáver del conquistador para darle sepultura en el monasterio de Cardeña (Burgos).

    El Cronicon de Maillezais, en el centro de Francia, deja en el año 1099 sus noticias francesas para registrar: «En España, en Valencia, la muerte del conde Rodrigo causó el más hondo duelo a la cristiandad y gozo grande a los paganos enemigos.» Por su parte, el historiador musulmán Ben Bassam, en 1109, maldice el terrible poder de Rodrigo que «fue siempre vencedor y con pequeño número de guerreros aniquiló ejércitos numerosos; tanto por su inagotable y clarividente energía como por su heroica bravura era un milagro, de los grandes milagros del Creador». En resumen, el Cid como político, en cuanto «alférez» de Castilla, impuso el imperio de la ley, desafiando el enojo del heredero al trono; pero después, respecto a ese rey Alfonso, a pesar de los reiterados destierros, mantuvo siempre una inquebrantable fidelidad, por amor al reino al que él quiere servir siempre; él incorpora al servicio de ese rey y de ese reino los moros de Levante, gobernándolos en estricta justicia, aplicándoles las leyes musulmanas, según dice el historiador árabe de Valencia. Como guerrero, fue el único vencedor de los grandes ejércitos almoravides; el Emperador Yúsuf trajo a España una táctica nueva de grandes masas, a las cuales la caballería europea no podía resistir; de 1086 a 1107, causó siete espantosas derrotas a Alfonso VI y a su yerno el principe Ramón de Borgoña arrebatándoles las tierras de Cuenca, de Calatrava y de Lisboa; sólo el Cid supo hallar recursos estratégicos para defender a Valencia, desbaratando, con sus pocos caballeros, los grandes ejércitos de Yúsuf en el Cuarte (1094) y en Bairén (1097). Véase Cantar de Mío Cid.


    Bibliog.: Las principales fuentes antiguas para la historia del Cid son tres: la Historia Roderici, escrita antes de 1110 por un clérigo aragonés o catalán que acompañó al Cid durante algunos años; el musulmán Ben Bassam, que escribe en Sevilla, 1109, un Tesoro de españoles ilustres, donde incidentalmente trata del Campeador; y el moro valenciano Ben Alcama que, como testigo presencial escribe Sobre la gran calamidad, historia del dominio cristiano en Valencia, obra perdida, de la cual sólo se conservan grandes fragmentos en la Crónica General de España, compuesta por Alfonso X. De todas estas fuentes se da amplia noticia y muchos extractos en R. Menéndez Pidal, La España del Cid, 4.a edición, 1947, páginas 884-969; otras fuentes antiguas, págs. 969-975; historiadores modernos, páginas 11-56.

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