Resumen de la biografía de Dante Alighieri (poeta italiano)

Breve biografía de Dante Alighieri (poeta italiano)



Biografía de Dante Alighieri
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Actualizado: 23/11/2016
  1. (1265-1321). Poeta italiano, n. en Florencia, autor de la Divina Comedia (V. Divina Comedia), y a quien Benedicto XV calificó, en 1921, del más excelso cantor de la verdad cristiana.




    Trasfondo


    Güelfos y gibelinos.


    En el campo político Dante empezó siendo un güelfo de categoría (v. Güelfos y gibelinos). En 1250 murió el emperador gibelino Federico II, último reconocido por Dante como legítimo monarca de toda Italia. Al ser combatida por el Pontificado la restauración del Imperio, surgieron entre los Alpes y Nápoles no menos de 177 ciudades y principados soberanos. Florencia, centro bancario, arrebató a los nobles gibelinos los pueblos de la región circundante. La familia de Dante estaba afincada dentro de las murallas: de una parte, miraba con desprecio a los nuevos ciudadanos de procedencia rural; por otra, temía a las familias poderosas que habían recibido gracia del emperador. Hasta 1289 mostraron los güelfos solidaridad y consideraron a los papas como a sus naturales protectores. Ese año los güelfos de Florencia —Dante militaba en el arma de caballería— vencieron a los gibelinos de Toscana en la batalla de Campaldino, pero al punto surgió la discordia entre los vencedores. Los magnates, el popolo grasso (los cinco gremios más ricos) y los popolani se dividieron. Estos últimos exigían que todos los ciudadanos perteneciesen a algún gremio: Dante eligió el de los médicos y boticarios, Más tarde, las relaciones con el Pontificado produjeron una segunda escisión del partido güelfo, que se dividió en neri (negros) y bianchi (blancos); los negros apoyaban la política papal de alianza con Francia, mientras el partido de Dante, los blancos, propugnaba una política de independencia.

    En 1301 triunfaron el papa Bonifacio VIII y los negros, pero en 1303 el mismo Papa se vio desbordado y su sucesor tuvo que trasladar su sede a Francia —inicio del cautiverio de Aviñón—, con lo que la victoria primera se transformó para los papas en derrota.






    Dominicos y franciscanos.


    En esta situación caótica, en que decenas de miles de exilados y refugiados erraban a través de Italia, los italianos viéronse confortados por los casi 100000 seguidores de San Francisco y Santo Domingo. Francisco de Asís les pareció a muchos el imitador sublime de Cristo, hasta tal punto que el Papa promulgó una bula prohibiendo una exagerada identificación de San Francisco con Jesucristo. Santo Domingo fue considerado el can del Señor (Domini canis), pues su madre había soñado que dio a luz a tal can. Ambas órdenes ejercieron en Dante

    una extraordinaria influencia por medio de sus escuelas, en las que el poeta estudió en Florencia y, probablemente, en Bolonia. Entre la multitud de frailes docentes, el dominico Santo Tomás de Aquino y el franciscano San Buenaventura no monopolizaron la primacía; eran simplemente los primeros de escuelas iguales, hecho que ha desconcertado a muchos estudiosos modernos al no encontrar a Dante sumiso totalmente al tomismo, que ni existía en la época de Dante. Sin la labor de estas Dante Alighieri, por Rafael dos órdenes, Dante pudiera haber producido un poema latino como lo hizo el florentino Arrigo, que en 1193 escribió una elegía sobre el destino del hombre, a la manera de Ovidio. Pero los escolásticos habían preparado el camino para una nueva visión de paganismo y teología. El Eneas romano que descendió a los infiernos y el apóstol Pablo que subió al tercer cielo se fusionaron en Dante. Francisco era el imitador de Cristo, Domingo, el can del Señor y Dante recibió inspiración de cada uno de estos dos santos que llenaron su siglo. Además, la Divina Comedia contiene profecía y cifra que acusan la influencia de ambos santos y anuncian el propio papel de Dante en el plan divino. Tres veces se advierte de ello al lector, 1:1, 108; II: 33, 43; III: 15-16 (las citas I, II, III corresponden, respectivamente, al Infierno, Purgatorio y Paraíso). En el primero, Dante es el lebrel (alusión a Domingo) nacido bajo el signo de Géminis para redimir al mundo. En el segundo, es D V X (500, 5 y 10 traducidos a números arábigos). En la época de Dante, X significaba siempre a Cristo (alusión a Francisco); y el lector está ya preparado para interpretar la V (que vale Veltro, lebrel en italiano). D V X quiere decir, pues, «Dante, lebrel de Cristo». Y, a menos que sea una falsa interpretación, el poeta añade, «messo di Dio» («enviado de Dios»), traducción literal del título apostólico de Pablo. Finalmente, en la parte III (Paraíso), el progenitor de Dante reafirma que el huésped de Escalígero (al que fue enviado el manuscrito de la parte III) salvaría al mundo. No hay duda de que Dante no concibió la Comedia como un simple poema de entretenida lectura, sino como un acto de fe destinado a cambiar el mundo.






    Vida exterior


    Parece que Dante perdió a su madre al nacer y a su padre en 1283, mientras el poeta era todavía joven; pero en ninguna parte los menciona. A la edad de 12 años, según la costumbre, Dante fue prometido a Gemma Donati, niña de distinguida familia; parece haberse consumado el matrimonio después de 1291. Durante el exilio de Dante, Gemma salvó la hacienda familiar. Tuvieron hijos e hijas. Cuando una hija suya hubo de elegir su nombre de monja, eligió el de «Beatriz», en honor de su padre seguramente, pues Beatriz fue el nombre que en Dante simboliza a la mujer, a la que se propuso glorificar como nadie ensalzara antes a mujer alguna. Ella era Beatriz Portinari (1266-90). Conocióla a la edad de 9 años; a los 18, como ella le demostrara cierta simpatía, irrumpió el poeta en «el dulce estilo nuevo». A la muerte de su amada, Dante se sumió, durante al menos treinta meses, en una serie de estudios que constituyeron sin duda la base de su estupenda ciencia.

    Después de 1295, metido cada vez más de lleno en la política, sirvió constantemente en una u otra ciudad con diversos cargos o misiones diplomáticas. Los «blancos» le nombraron uno de los seis «priores», para los dos meses de verano de 1301; éste fue su cargo político más elevado y más desastroso. Su mejor amigo, Guido Cavalcanti, fue desterrado; Dante votó contra la ayuda militar al Papa; sobre él caía la amenaza de excomunión. En calidad de embajador visitó en otoño la corte pontificia y allí se enteró de que los «negros» se habían apoderado de Florencia. Lógicamente, ya nada tenía que hacer en calidad de blanco y no podía ser negro. En adelante, sólo los gibelinos podían protegerle y él, denominándose altivamente partido de un solo miembro, proporcionó a los gibelinos un nuevo programa político.

    Dante no volvió nunca a pisar Florencia. El 27 de enero de 1302 fue condenado en ausencia y el 10 de marzo fue amenazado con la hoguera si osaba volver a su patria. Es verdad que en 1315, bajo ciertas condiciones, pudo haberse acogido a una amnistía, pero esas condiciones implicaban su culpabilidad. Durante este periodo escribió la famosa carta, la novena de las diez que se conservan, de tal grandeza, que Mazzini recomendaba su estudio a los refugiados políticos 500 años después. En 1315 Dante y sus hijos fueron nominalmente proscritos una vez más.

    En 1310 se apresuró Dante a rendir pleitesía al efímero emperador Enrique VII, pero, fundamentalmente, contó con la protección de la familia Malaspina de la Lunigiana, los Escalígeros de Verona, Uguccione de Pisa y, quizá durante el mayor número de años, de la familia de Guido Novello da Polenta, de Rávena. En esta ciudad murió de fiebres el 13 o 14 de setiembre de 1321 y en ella está enterrado. A sus protectores, a quienes elogiaba en el poema, se les enviaba la Comedia según salía. En el bautismo recibió el nombre de Durante; prefirió sin embargo morir en calidad de Dante, el Donador. Había dado a Bice perdurable fama como Beatriz, esto es, la «beatificadora». Y había dado al entonces vulgar nombre de comedia el nuevo significado que después del 1500 adjetivaron los impresores como «divina».






    Vida creadora


    Dante empezó como trovador lírico. «¿Escribiste las canciones del nuevo estilo?» se le preguntaba en el Purgatorio (II : 24, 49) y él gentilmente contesta: «A mi ver, soy uno que presta oídos cuando le inspira el amor y se goza en descubrirte la melodía que canta dentro».

    De 1294 a 1302 se vio absorbido por le presente cosí, los problemas del momento (II : 31, 34). Más tarde escribió ocasionalmente alguna canción (cuarta carta) o desempeñó misiones políticas para alguno de sus protectores, pues era orador persuasivo. Dante se convirtió cada vez más en el primer artista cristiano creador, esto es, la combinación de profecía bíblica y arte griego, que más tarde había de esperarse del hombre creador, un hombre binato: un hombre, además, que renueva el medio en que labora.

    Además de sus canciones de juventud compuso La Vita Nuova (fecha desconocida). Después se han coleccionado en el Canzonieri sus 67 sonetos y canciones, la primera de las cuales está dedicada a Guido Cavalcanti. Parece que después de 1302 Dante escribió los tres libros con los que se preparó para la principal tarea: el De monarchia (sobre el gobierno) en tres partes; el Convivio (simposio), proyectado en quince tratados (cuatro de los cuales se completaron), escrito en italiano para seculares; y el De vulgari eloquentia, dos libros completos de los cuatro proyectados. También escribió algunos versos latinos (Eglogae) a un admirador, en 1319, defendiendo el escribir, como hacía, en italiano; y su único ensayo científico, Quaestio de aqua et terra, disquisición académica sobre la prioridad de la creación del agua respecto de la tierra. La Vita Nuova (Vida Nueva) empareja las canciones de Dante a Beatriz, un relato dramático en prosa, de colorido bíblico, en el que cita a Jeremías, los Salmos y el Evangelio, todo ello, así para adornar el propio renacimiento del autor a una nueva vida, por medio de su amor, como para efectuar un análisis bien preparado de la estructura de cada poema. El titulado De Monarchia revive el orden político a lo largo de los siglos. Los hombres libres deben vivir unidos bajo un gobierno universal, no obstante la autonomía local (libro I). El Imperio Romano ha sido necesario para preparar el camino al advenimiento de Cristo y debe ensancharse de océano a océano (libro II). El gobierno emana directamente de Dios, no está sujeto, por tanto, a la Iglesia (libro III). El Convivio populariza las doctrinas filosóficas sobre la virtud, de Aristóteles, el Maestro y «Duque de la Razón», al que cita 76 Veces. En De vulgari eloquentia, escrito en latín, para los expertos, pasa revista a los dialectos italianos desde el Tirol a Sicilia y, concibiéndolos por vez primera como idioma único, propone una lengua más noble (ilustre) para los que escriben en italiano.

    Después de Dante quedaron preteridos los ideales de un Imperio Romano o de un emperador universal. Se reconoce el derecho de toda nación a su propia literatura. Pero la relación del hombre con el pasado, lo mismo que con el futuro de toda la raza, y con la vida actual de cualquier nación dentro de la humanidad, es en gran medida una herencia del Dante; en efecto, Dante estuvo abierto a la totalidad de la naturaleza pre-cristiana, a la astronomía y filosofía, a la historia de las naciones y al arte, a la geografía, etc. Por cierto que el trato generoso que concede a Mahoma y al Islam ha dado origen a una controversia, que todavía sigue en pie. Un erudito, Asín Palacio, opina que Dante al escribir su Comedia ha imitado un modelo arábigo. En cualquier caso, la humanidad después de Dante ha sido heredera de su catolicidad. En cuanto al futuro, Dante advierte que los no cristianos —menciona a los hindúes— podrían triunfar ante Dios, a menos que los cristianos hagan mejor uso de su privilegio. Por lo que a las naciones respecta, Dante creó una fe que unió a Italia a lo largo de 500 años de caos y servidumbre. Sin la triple contribución de Dante viviría el hombre todavía en un universo provinciano.

    El hombre puede, sí, mejorar el mundo dantesco, pero no magnificar su inmensidad. En el mismo año en que Bonifacio VIII se proclamaba a la vez emperador y papa, Dante, el exiliado de vuelta, preguntaba: «¿Y a mí qué me dejan?» Y se contestaba: «Que el amor sea ardiente y la esperanza viva. Entonces, aun cuando parezca que el reino de los cielos ha sido violado y, ¡oh dolor!, la Divina Voluntad parezca sojuzgada..., ése es el único modo en que el hombre triunfa del hombre. A Dios se le vence como quiere ser El vencido, quien, derrotado, vence desde dentro por la gracia» (III : 20, 95 ff). Porque Dante reconocía la calidad cristiana de la victoria en la derrota, como la chispa divina que arde dentro de todo hombre y en sí mismo, la Divina Comedia llegó a ser la justificación de la propia divinidad de Dante; pues una fe que no moldeara los propios valores del creyente, no sería fe.

    Dante es, por tanto, un hombre diferente en diferentes manos. Exactamente en el grado que alcanza la propia experiencia del lector atribuye éste a Dante una licencia artística o poética, un ardid, un artificio; o reconoce en el viaje de Dante la túnica casta, tendida sobre veinte años de sufrimientos. Las personas decentes no exhiben sus heridas ante el mundo sin una túnica de vergogna (vergüenza reverente), tal como Dante lo exige del hombre creador en el Convivio. Dante dice que emprendió el viaje (de la Comedia) del 4 al 7 de abril de 1300, en calidad de representante nuestro, pues todo hombre está en el Infierno, o en el Purgatorio o en el Paraíso. Por eso le ha llamado John Ruskin el hombre central del universo mundo. «El hombre que se oculta tras el verso es mucho mayor que el verso mismo... Un hombre que lee los tres últimos cantos de la Comedia no puede cometer una acción vil durante varias semanas después», añadió James Russell Lowell.

    Entonces, ¿cuáles fueron las fases del desarrollo de Dante? En su juventud explotó el lenguaje bíblico para adornar su amor personal. Pero el «Divino Comediante» invirtió los términos. Ahora es Dante quien contribuye al drama divino y humano con el tierno lenguaje del enamorado. Cuando Dante hubiera cumplido los 70 años, en 1335, Giotto, que le conocía bien (y a quien Dante alaba, II : 11, 96), pintóle con los santos., en el palacio del Podestá de Florencia. Hacia el 1373 Florencia se halló dispuesta a pedir a Boccaccio la primera Lettura Dantis, que todavía se celebra anualmente en muchas ciudades italianas. Abandonado el estudio del griego y el latín en muchas escuelas modernas, se ha propuesto a Dante para remplazados. Pues todos deben convenir, con Boccaccio, en que Dante «es un río que lo vadea un corderillo, y donde un gran elefante encuentra profundidad holgada para bañarse».





dante 





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Can. = Canarias
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V. = Ver o Verbo
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