Los cristales de hielo de los tejidos dan a la región congelada un característico color blanco grisáceo. El paciente puede generalmente percatarse de la anomalía por el dolor, si se presenta en manos o pies. En cambio no experimentará ninguno si las afectadas son sus mejillas, orejas o nariz, ya que éstas se limitan a quedar adormecidas al helarse. Los síntomas aparecen sólo cuando la circulación quede restaurada y vuelva el calor. En los casos benignos, los sabañones pueden delatarse en forma de una sensación recurrente de ardor y picor en las partes afectadas, más acusadas en los cambios de temperatura.
Tratamiento.
Como tratamiento general se recomienda la adopción de medidas destinadas a restaurar la circulación gradualmente. Se ha de evitar cualquier tratamiento que contribuya a aumentar la lesión de los tejidos afectados. En los casos benignos puede bastar para restaurar la circulación una fricción suave en la región afectada, mientras el paciente se encuentra en una habitación fría. Nunca conviene, sin embargo, frotar la piel con hielo o nieve, ni friccionarla bruscamente, ni exponerla súbitamente al calor. En los casos graves el paciente, instalado en una habitación fría, sumergirá las partes afectadas en agua a temperatura no superior a los 10-15 °C. Luego puede procederse a elevar la temperatura del agua y la habitación, pero gradualmente. Si la región afectada fuera extensa o presentase ampollas, debe consultarse al médico. Han de evitarse los linimentos y otras aplicaciones externas, a menos que sean prescritos por el médico.
Enviar comentario o duda sobre «congelación y sabañones»
También puedes usar el asistente de IA si prefieres una respuesta inmediata.