El poblamiento, muy antiguo, alcanza considerable densidad gracias a una serie de grandes poblaciones agrarias, situadas en los bordes del Valle y dominadas por un viejo castillo, ya musulmán, ya cristiano: Montoro. El Carpio, Almodóvar del Río, con una de las más bellas e imponentes fortalezas españolas, y Palma del Río.
Al mediodía del Guadalquivir, hasta las sierras subhéticas de Priego y Cabra, se extiende la Campiña, llanura suavemente inclinada y bien modelada en amplias ondulaciones a expensas de los finos sedimentos terciarios, que coronan a veces abruptos oteros constituidos por duras calizas pontienses: los alcores. Su clima, templado pero seco, favorece una vegetación herbácea, sostén del ganado caballar y vacuno, sustituida frecuentemente por los campos de cereales, leguminosas y algodón. Sobre estos campos resaltan las manchas blancas de las poblaciones agrícolas: Bujalance, Castro del Río, La Rambla y La Carlota, y la siembra a voleo de los grandes y señoriales cortijos. La Campiña es el fundamento de la proverbial riqueza y fecundidad cordobesas.
Para más información ver: Córdoba, Provincia De España.
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