Después de la muerte de Platón, la Academia atravesó dos periodos principales: la Academia Antigua (348-270 a. de J.C.) y la Academia Nueva (270-129 a. de J.C.). La primera se distinguió en la ciencia matemática, acusó tendencias pitagóricas y desarrolló la geometría del espacio, la trigonometría y las secciones cónicas; se ocupó asimismo de los problemas relativos al Sistema Solar. Cicerón la llamó «el taller de todos los artistas» y dijo que la doctrina de sus seguidores comprendía todas las artes liberales, la historia y el buen decir.
La Nueva Academia hizo especial hincapié en los elementos escépticos de la enseñanza platónica. Carnéades, que la dirigió durante parte de este periodo, negó todo conocimiento de la realidad y creó la doctrina del probabilismo como gula práctica de la vida.
A partir del año 129 a. de J.C., la Academia siguió un rumbo desigual. Cicerón asistió a ella en el primer siglo a. de J.C. y habló de sus métodos dogmáticos. Luego se producen en su historia largos paréntesis de silencio hasta su desaparición definitiva bajo Justiniano.
La escuela de cultura, radicada en el Museo de Alejandría (300 a. de J.C.-500 d. de J.C.), aunque no llevara el nombre de academia, era esencialmente una institución de la misma índole. La Academia Palatina de Carlomagno, fundada con anterioridad al año 800, se dedicó al estudio de las Matemáticas, la Historia y las Letras. La Universidad de Oxford tuvo su origen en la Academia de Alfredo el Grande, establecida en dicha ciudad.
Desde Justiniano hasta el siglo xiv desaparece todo vestigio de tales academias, aunque se supone que existieron sociedades secretas de alguna índole, probablemente al amparo de los gremios comerciales. En tal caso, estas asociaciones hubieran servido de eslabón entre las viejas academias y las modernas.
Para más información ver: academia.
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