El término Albedo es utilizado por astrónomos y meteorólogos para indicar la parte fraccionaria de la radiación total incidente sobre una superficie que es reflejada en todas direcciones.
El albedo de la superficie terrestre oscila entre 0,05 si se trata de un bosque obscuro y 0,30 si de arena seca, con valores intermedios para las superficies rocosas, herbosas y cultivadas; en la nieve limpia recién caída y la parte superior de las nubes puede llegar hasta 0,75.
La Luna, que no tiene atmósfera, posee un albedo de 0,07, lo que significa que absorbe el 93 % de la luz solar que recibe.
Los albedos relativamente elevados de 0,59, 0,44 y 0,42 de Venus, Júpiter y Saturno, respectivamente, son prueba de que estos planetas poseen atmósferas espesas.
El albedo también puede variar dependiendo del ángulo de incidencia de la luz y la longitud de onda de dicha luz. Por ejemplo, la luz que llega a la Tierra en un ángulo bajo, como durante el amanecer o el atardecer, tiene un albedo más bajo porque la luz atraviesa más atmósfera antes de llegar a la superficie, lo que hace que más luz sea absorbida y menos sea reflejada.
Además, el albedo no es sólo relevante para los cuerpos celestes. También desempeña un gran papel en la climatología, donde influye en cómo reflejan la luz las superficies de la Tierra, como los océanos, los glaciares, los bosques y las ciudades. Este reflejo, a su vez, juega un papel en la distribución del calor en la Tierra, afectando los patrones climáticos y meteorológicos.
El cambio en el albedo de la Tierra debido a las actividades humanas también es un tema de estudio en la ciencia del cambio climático. Por ejemplo, a medida que los glaciares y los casquetes polares se derriten debido al calentamiento global, el albedo de la Tierra disminuye porque el agua del océano tiene un albedo más bajo que el hielo, lo cual a su vez aumenta la cantidad de calor absorbido por la Tierra, acelerando el calentamiento global en un proceso denominado “retroalimentación del albedo”.
Los científicos pueden medir el albedo de la Tierra utilizando satélites y sensores en tierra. Estos datos son vitales para entender los patrones de cambio climático, modelar el futuro del clima de la Tierra y desarrollar estrategias para mitigar los impactos del cambio climático.

Vista oblicua del área de alto albedo dentro del cráter Raphael en Mercurio. Parte del cráter Flaiano está en la esquina inferior izquierda. El área de alto albedo está asociada con depresiones irregulares y puede ser volcánica. CC
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