Las aves de corral resisten un almacenamiento de diez a once meses si se aderezan y congelan inmediatamente después de sacrificadas. Lo mismo cabe decir de la ternera y el cordero. La carne picada no se mantiene tan bien como la descuartizada. A la carne destinada a guardarse en frigoríficos no se le añade sal, porque ésta parece favorecer la oxidación de las grasas y acelerar la descomposición. Una temperatura de aproximadamente —1 °C, con una humedad relativa del 85 %, es suficiente para conservar los huevos, que, si se refrigeran inmediatamente después de puestos, tardan mucho en descomponerse. En tales condiciones ha sido posible conservarlos durante un año. Los huevos desprovistos de cáscara son también susceptibles de almacenamiento; para ello conviene separar las yemas y las claras y colocarlas en recipientes apropiados. Los huevos, sometidos a una congelación de —23 °C, exigen una temperatura de cámara no superior a —18 °C. A los huevos desecados y en polvo no les va mal tampoco la refrigeración, que se encarga de limitar los fenómenos de fermentación y ayuda a conservar su olor y sabor naturales. Véase Refrigeración.
Para más información ver: almacenaje en frigoríficos.
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