En el Antiguo Testamento se rodea a los ángeles de muchas cualidades humanas. Hablan, comen y poseen una sabiduría limitada (II Sam. 14:20). Uno de ellos lucha con Jacob hasta romper el día (Gen. 32:1,24-30). Entre sus principales funciones figuraba la de servir de guías a los hombres. Un ángel acompañó al criado de Abraham en su viaje en busca de esposa para Isaac (Gen. 24:7,40), otro guió al pueblo de Israel a través del desierto hasta Canaán (Ex. 23:20). Aconsejaron especialmente a los profetas (I Reg. 13:18; 19:5) y protegieron a los hombres de todo daño y destrucción (Gen. 19:10-15; Ps. 34:7).
En Zacarías y especialmente en Daniel se representa a los ángeles como pertenecientes a diferentes órdenes: ángeles y arcángeles. Dos arcángeles, Miguel y Gabriel, aparecen específicamente citados en la Biblia (Dan. 8:16; 10:13; 12:1), al igual que Rafael (Tob. 6:19). Otros, como Jeremiel, Faltiel y Uriel, aparecen citados en los Apócrifos. En Daniel se alude a estos seres como guardianes y príncipes (Dan. 4:13-17; 10:13). Satanás, como príncipe de los ángeles caídos, aparece- nombrado por primera vez en el libro de Job (1:6-12).
En el Nuevo Testamento forman coros o multitudes, como en la natividad de Cristo y, luego, con ocasión de sus tentaciones en el desierto (Mat. 4:11; Le. 2:13). Jesús distinguía entre ángeles buenos y malos (Mt. 41) y enseñó la doctrina de los ángeles guardianes de los niños (Mt. 18:10). Los ángeles de las iglesias (Apoc. 2:1; 3:1), en algún tiempo confundidos con los obispos, se consideran actualmente ángeles guardianes.
Enviar comentario o duda sobre «ángel»
También puedes usar el asistente de IA si prefieres una respuesta inmediata.