Los álcalis usados en la neutralización pueden ser solubles y absorbibles (bicarbonato sódico) o relativamente insolubles y no absorbibles (óxido de magnesio, leche de magnesia). También es posible disminuir la acidez del jugo gástrico sin alcalinización, empleando substancias tampón (fosfatos de calcio o magnesio di-y tri-básicos). La ventaja de los antiácidos tampón es que tienen acidez y alcalinidad de reserva y pueden tomar cantidades apreciables de ácido clorhídrico sin causar alcalosis del contenido estomacal. Véase Sangre, Equilibrio ácido-básico; Digestión.
Algunas substancias, como el hidróxido de aluminio coloidal (alúmina-gel) y la mucina gástrica, absorben el ácido libre del jugo gástrico, tapizando y protegiendo la superficie del estómago. Otras substancias, como el trisilicato dimagnésico, actúan como alcalinos no absorbibles y también como absorbentes.
El antiácido ideal es relativamente insoluble; no irrita las paredes del estómago e intestinos; es neutro en suspensión acuosa pero capaz de neutralizar el ácido clorhídrico; no produce alcalosis general ni alcaliniza la orina; tampoco debe favorecer la formación de cálculos renales ni originar estreñimiento o diarrea. El bicarbonato sódico, por ejemplo, no es un antiácido ideal porque en dosis excesivas pasa con facilidad del intestino a la corriente sanguínea, produce alcalosis y alcaliniza la orina, lo que favorece la aparición de cálculos renales. El óxido magnésico y la leche de magnesia en grandes dosis producen diarrea; por el contrario, el carbonato cálcico puede producir estreñimiento. Para prevenir efectos secundarios es frecuente administrar alternativamente antiácidos cálcicos y magnésicos.
Quizá no haya otro grupo de drogas que se administren con menos juicio que los antiácidos gástricos. Mucha gente considera equivocadamente que son productos inocuos, cuya acción se limita al estómago; de aquí que los ingieran por simples molestias digestivas. Una propaganda interesada ha contribuido a este estado de cosas creando un injustificado temor contra la llamada Acidosis y silenciando, en cambio, los graves trastornos que puede originar una alcalosis. Además, puesto que el jugo estomacal debe ser ácido para que los fermentos gástricos puedan actuar, cualquier droga que reduzca la cantidad de ácido libre puede interferir el proceso digestivo normal.
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