El ántrax comienza con una tumefacción aplanada, dura y roja que puede alcanzar el diámetro de una naranja; suele ir precedido de dolor quemante en el lugar de la infección, escalofríos, fiebre y malestar general. Guando el absceso se abre, la piel se perfora y supura por varios sitios; cura entonces y deja una profunda cicatriz.
El ántrax no debe exprimirse o apretarse. La penicilina y antibióticos similares administrados por vía intramuscular y cerca del área de infección pueden en muchos casos detener su progreso. Durante el estadio agudo pueden utilizarse compresas calientes para aliviar el dolor. En algunos casos puede recomendarse la roentgenoterapia.
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