El aquenio es un tipo de fruto característico de las plantas que pertenecen a la familia de las Compuestas o Asteráceas. Se trata de un fruto seco y simple, cuyo pericarpio es diferente al tegumento de la semilla. A diferencia de otros frutos, el aquenio no se abre para liberar la semilla, sino que permanece cerrado y la semilla se dispersa junto con todo el fruto.
En cuanto a su estructura, el aquenio consta de una sola semilla, que es la parte reproductiva de la planta, y está envuelta por un pericarpio que puede presentar diferentes características dependiendo de la especie. En algunas plantas, el pericarpio puede ser delgado y seco, como en las margaritas, mientras que en otras puede ser más carnoso, como en los girasoles.
El aquenio se encuentra en numerosas plantas y se utiliza como una forma de dispersión de las semillas. Algunas especies cuentan con estructuras especiales para facilitar su dispersión, como pelos, espinas o alas que les permiten ser transportados por el viento o adherirse a animales para ser dispersados a otras áreas.
Este tipo de fruto es muy común en la familia de las Asteráceas y se puede encontrar en plantas como el girasol, la margarita y el diente de león. Además de su función reproductiva, el aquenio también puede cumplir un papel importante en la alimentación de animales, ya que en algunas especies suelen ser consumidos y dispersados luego a través de sus excrementos.
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