Europa, con el tesoro inagotable de sus obras maestras, había de distinguirse en la producción de películas de arte. La hegemonía queda firmemente asegurada con obras de especialistas como Luciano Emmer y Enrico Gras, de Italia (Leonardo da Vinci, Historia del Paraíso terrenal); Paul Haesaerts y Henri Storck, de Bélgica (Rubens), modelo de crítica de arte; El mundo de Paul Delvaux, estudio del mundo espiritual de un artista; Arcady, William Novik, Alain Resnais, Jean Lods y Pierre Kast, de Francia (El Misterio del Unicornio, Estampas medievales, Van Gogh, Maíllo l, Los Desaíres de la Guerra).
En el campo del filme «experimental» (representativo del «arte en todas sus formas») la primacía corresponde a América y, en especial, al Canadá. Con The Loorís Necklace (Crawley Films) los canadienses consiguieron una de las películas de arte más populares e imaginativas. Pintores y escultores se contaron entre los primeros en valerse de este medio de expresión. Ya en 1920, Viking Eggeling (Diagonal Symphony) y Fernand Leger (Ballet Mechanique) señalaron los derroteros del filme experimental.
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