Así, pues, muy pocos años habían trascurrido después de la botadura del primer submarino atómico cuando se decidió intentar la empresa. El Nautilus, al mando del capitán William R. Anderson, zarpó para los mares árticos dotado de una maravilla de la ingeniería moderna: el equipo N6A de orientación por inercia, que le permitiría seguir, sin apenas deriva, la ruta prefijada. Tras un par de intentos fallidos, el 29 de julio de 1958 se inició definitivamente el viaje. A partir de Point Barrow (Alaska) el Nautilus navegó en inmersión; el 3 de agosto de 1958, a las 11 h 15 min de la mañana (hora de Nueva York), atravesaba el Polo Norte bajo la masa de hielo y finalmente emergía en Spitzberg estableciendo un nuevo record: el de la primera nave que alcanzó el Polo. Entre los interesantísimos estudios científicos realizados por la tripulación destacan el sondeo del Océano Artico a la altura del Polo (600 m de profundidad más de lo calculado) y el descubrimiento de una cordillera submarina de 2700 m, que, a manera de espina dorsal de nuestro globo, pasa por las proximidades del «paralelo 90». Una semana después el Skate, también de la Armada norteamericana, repetía el viaje en sentido inverso y la ruta del Polo quedaba abierta en ambas direcciones.
Para más información ver: árticas, regiones.
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