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Antiguo reino español, situado en la parte septentrional de la península ibérica y que actualmente coincide con la provincia de oviedo (v. Oviedo). La región asturiana ha sido poblada desde tiempos remotos, y los restos prehistóricos (Peña Tu) lo prueban sobradamente. La conquista romana mantuvo sin ocupar la región hasta que Augusto lo realizó personalmente al frente de su ejército; pero las montañas sirvieron de refugio a los indómitos asturianos, que se negaron a someterse. Visigodos y árabes pudieron ocupar la zona anteriormente dominada por los romanos, pero los asturianos se mantuvieron independientes en sus refugios montañeros de difícil acceso. El año 718, decididos los musulmanes a someter a los astures rebeldes, persiguieron al principal núcleo de éstos que, dirigidos por Pelayo, hijo del visigodo Conde Favila y espatario (jefe de la guardia real) del rey Don Rodrigo, quedaron reducidos a un grupo de 30 hombres y 10 mujeres, acogidos al amparo de una cueva en Covadonga, donde se alimentaban de miel silvestre y del agua que destilaba la caverna. Allí fueron sitiados por el ejército musulmán, que a la llegada del invierno y en la imposibilidad de rendir al grupo acosado en la caverna, decidió la retirada. Esta, por desconocimiento del terreno, se hizo por el peor camino, por los peligrosos senderos entre precipicios que conducen de Covadonga a Liébana. Animados los astures por esta retirada, y dirigidos por Pelayo, persiguieron y hostilizaron al ejército musulmán, sublevando los pueblos a su paso. Los derrumbamientos del terreno y los aludes invernales, frecuentes en la comarca lebaniega, acabaron por desbaratar al ejército árabe. Las leyendas piadosas elevaron las bajas musulmanes a cientos de miles, cuando la realidad fue una escaramuza victoriosa seguida de un desgaste de tropa en una naturaleza hostil; pero ello fue de trascendentales consecuencias. Elegido rey Pelayo, en sus 19 años de reinado aumentó considerablemente su pequeño reino. Tras el breve reinado de Favila, Alfonso I emprendió tan formidable acción reconquistadora que durante su reinado recuperó las tierras desde Galicia a Navarra y del Cantábrico al Duero. La Corte, que estuvo en Cangas de Onís, pudo trasladarse a Oviedo durante la época de Alfonso II el Casto, y esta capitalidad quedó asegurada después de la derrota de los musulmanes, en Lutos, cerca de Oviedo. El rey Ramiro engrandeció Oviedo y su provincia; durante su reinado ocurrió la batalla de Clavijo. Alfonso III el Magno amplió sus conquistas por tierras leonesas y Ramiro II al fundir en el reino de León el de Asturias da fin a la historia particular de este territorio, que en lo sucesivo forma parte como región de los reinos de León, Castilla o España, con el nombre de «Asturias de Oviedo». En 1388 concedió Juan I a su primogénito Enrique el título de Príncipe de Asturias, que desde entonces llevaron los futuros reyes de España. Para la descripción física y económica de la región véase Oviedo.
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