Aunque su culto estuvo extendido por toda Grecia, fue objeto de especial devoción en Atenas, que le dio el nombre de Atenea Polias y la nombró protectora de la ciudad. Fue además venerada como diosa de la agricultura, de la vida urbana y de la guerra civilizada, no del violertto afán bélico que personificaba Ares. Como protectora de las labores artesanas se le atribuye la enseñanza de las artes de tejido y el hilado (v. Aracné) y como diosa de la virtud política influyó poderosamente en la mentalidad griega. Enseña a la Humanidad a manejar el arado, pero el olivo fue su don más precioso. Según Homero, en la guerra de Troya favoreció a los aqueos, particularmente a Aquiles y Ulises.
Sus representaciones clásicas nos la muestran con aspecto un tanto masculino, siempre vestida o envuelta en velos, con un casco en la cabeza, la égida, y un escudo con la testa de la Gorgona. Entre sus sobrenombres figuran también los de Hipia, domadora de caballos, Niké, la victoria, Pártenos, virgen y Prómacos, combatiente. Los romanos identificaron a Minerva, diosa etrusca, con Atenea. Le estuvieron dedicados la serpiente, el gallo y el buho.
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