Las atmósferas inertes generalmente se utilizan en entornos de fabricación o científicos en los que la presencia de gases reactivos podría interferir negativamente con los resultados o el rendimiento. Los ejemplos incluyen la soldadura, en donde los gases reactivos podrían causar la oxidación del metal, alterando la calidad de las soldaduras; o en experimentos de laboratorio, donde los gases reactivos podrían interferir con los resultados químicos o físicos.
La creación de una atmósfera inerte también puede ser esencial para la seguridad. En ciertos procesos, los gases reactivos podrían representar un riesgo de incendio o explosión, por lo que se utilizan gases inertes como medida de seguridad para prevenir tales riesgos.
El uso de la atmósfera inerte
Cuando la presencia del aire puede resultar perjudicial en un determinado proceso, suele recurrirse a substituirlo por una atmósfera inerte.
El gas o la mezcla de gases empleados con este objeto depende del trabajo a realizar y de los resultados que se quiere obtener.
En la soldadura al arco eléctrico de ciertos metales se consiguen resultados más satisfactorios si el arco y el metal fundido se protegen con una atmósfera inerte.
Esto se consigue empleando electrodos revestidos con alguna substancia que por la acción del calor desprenda un gas protector o haciendo llegar un gas inerte, como el argón o el helio, a la zona de soldadura a través de un soporte de electrodos especial.
Por cualquiera de ambos procedimientos se evita la acción perjudicial de los gases del aire sobre el metal fundido. Véase Soldadura, Soldadura al arco.
Tanto en el laboratorio como en la industria química se recurre con frecuencia al empleo de atmósferas inertes, especialmente cuando se manipulan productos sensibles a la oxidación o de carácter inflamable.
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