Ya en 1906 el sistematizador del paleolítico francés, abate. Breuil, estableció que el Auriñaciense antecedía al Solutrense y al Magdaleniense y a su vez mostró la necesidad de subdividirlo en tres fases: Chatelperron, Auriñaciense medio y La Gravette, que sí seguían este orden cronológico; en cambio la primera y la última podían relacionarse por los tipos de su utillaje.
En 1933 el doctor Peyrony denominó al Chatelperroniense y Gravetiense con el nombre de Perigordiense, separándolos del típico Auriñaciense medio.
La industria de Chatelperron (Allier) que aparece al final del Musteriense tiene como «fósil director» una punta de varios centímetros de longitud, uno de cuyos lados se desbastó en forma de gajo de naranja.
El Auriñaciense aparece posteriormente con una punta de hueso de base hendida, que acaso sea la extremidad de una azagaya.
La aparición del hueso muestra uno de los grandes inventos del Paleolítico superior. Uno de los útiles en sílex más característicos de este periodo es el buril para desbastar el hueso y el marfil.
Los grupos sociales portadores de las técnicas auriñacienses se hacen poderosos, como muestran los hogares de Predmost en Moravia, donde se hallaron más de 40000 instrumentos y un osario de varios miles de huesos de mamut.
El auriñaciense se caracteriza por su avanzada industria lítica, incluyendo herramientas de piedra como cuchillos, raspadores, buriles y puntas de proyectil. Además, se destacan por su habilidad en la producción de utensilios y adornos de hueso, como agujas, arpones y cuentas.
En cuanto a la vivienda, se estima que durante esta época los grupos humanos construían refugios temporales en forma de tiendas o chozas hechas con pieles y huesos de animales. Estos refugios eran trasladables, lo que les permitía seguir a las manadas de animales y aprovechar diferentes recursos según la estación del año.
En cuanto a la organización social, se cree que los grupos auriñacienses tenían una estructura jerárquica, con líderes o jefes que tomaban decisiones importantes y coordinaban las actividades de caza y recolección. También es posible que existieran divisiones de trabajo, con hombres dedicados principalmente a la caza y mujeres encargadas de la recolección de alimentos y la confección de prendas.
El arte también tuvo un papel destacado en el auriñaciense, como lo demuestran las famosas Venus paleolíticas, representaciones esquemáticas de mujeres con exageradas formas corporales. Estas figuras, talladas en marfil o piedra, pueden ser interpretadas como símbolos de fertilidad o representaciones de diosas veneradas por las comunidades auriñacienses.
En resumen, el auriñaciense fue un periodo cultural del Paleolítico superior que se distinguió por su avanzada industria lítica, sus habilidades en el trabajo del hueso, su organización social jerárquica y el desarrollo de manifestaciones artísticas. Sus avances tecnológicos y sociales sentaron las bases para las futuras culturas paleolíticas y dejaron un legado importante en la historia de la humanidad.


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