Conocida ya en el siglo xv a. de J.C. (la Berylus fenicia), perteneció sucesivamente a los seléucidas, romanos, que la llamaron lulia Augusta Félix y en cuyo tiempo floreció como centro del saber y sede (s. m d. de J.C.) de una escuela de Derecho, y bizantinos. Devastada en el siglo vi por terribles terremotos, perdió importancia y, promediado el siglo vii, cayó en poder de los árabes. Disputada presa de cristianos y sarracenos durante las Cruzadas, cambió varias veces de manos y fue sitiada por Saladino. Luego fue dominada por egipcios y turcos hasta ser incorporada al Imperio Otomano. Conquistada en 1830 por el sultán de Egipto, Mohamed Alí, fue bombardeada por una flota conjunta austro-anglo-turca y restituida a la Sublime Puerta en 1840.
Aunque fue un puerto floreciente a lo largo de la Edad Media y durante el periodo otomano, su verdadera expansión arranca de la modernización de las instalaciones portuarias y de la construcción del ferrocarril Beirut-Damasco por los franceses (finales del siglo xix). Ocupada por los aliados durante la I Guerra Mundial, constituyó la capitalidad del mandato francés de la Sociedad de las Naciones sobre Siria y Líbano. En 1941, después de ocupada por ingleses y franceses durante la II Guerra Mundial, pasó a ser la capital de la República del Líbano.
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