Montuosa y poco húmeda, la región está poblada principalmente por tribus musulmanas que viven del pastoreo: ovejas, cabras, caballos y camellos. En los valles septentrionales se cultivan cereales, frutas en las tierras altas y dátiles en Makran, cuya costa rinde abundante pesca. Constituyen la base de su economía la industria de tejidos, cestería, bordados y artículos de cuero, el comercio de alfombras, lana, frutas, pieles, cueros y cereales y la extracción de carbón, cromita, cal y azufre. La ciudad principal es Quetta.
El Beluchistán, que perteneció en parte al Imperio Persa cuando éste se hallaba en su apogeo y contempló el paso de Alejandro Magno en su histórica expedición a la India, sufrió en los primeros siglos del Cristianismo la influencia de los sasánidas persas y posteriormente el yugo de los árabes (siglo vii al x). Mas sus tribus mantuvieron tenaces su organización y espíritu de independencia característicos. Invadida en los siglos xi y xii por la tribu persa de los beluchis y disputada largamente por Persia y Afganistán, perteneció durante un breve lapso (principios del siglo xvii) al Imperio Mogol. Nasir Kan, en el curso de su reinado que cubrió gran parte del siglo xviii, estableció una confederación tribal. La estratégica situación de Beluchistán despertó en la I Guerra Afgana (1839-42) el interés de Inglaterra, que, mediante una serie de tratados, asumió el gobierno directo de la frontera septentrional y el control virtual del resto del país, regido por jefezuelos tribales.
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