de santos (Santo Domingo de Silos, San Millón de la Cogolla y Santa Oria); poemas marianos (Loores de Nuestra Señora, Llanto que hizo la Virgen... y Milagros de Nuestra Señora); y poemas de otros temas religiosos (Sacrificio de la Misa, Signos que aparecerán antes del día del Juicio y Martirio de San Lorenzo).
Aunque en las vidas de santos —sobre todo en la de Santa Oria— Hay momentos de tierno encanto y sencillo humor, destaca con mucho entre toda la obra de Berceo Milagros de Nuestra Señora. Después de un hermoso prólogo, en que el poeta se describe llegando a un prado delicioso, explicando luego el simbolismo mariano de tal visión, se presentan veinticinco relatos piadosos, procedentes todos ellos de otras versiones poéticas francesas o en ocasiones de códices piadosos en latín. Algunas de las narraciones tienen eco a través de toda la literatura europea hasta llegar a tiempos modernos. El estilo llano, en algunos momentos de leve humorismo, logra que no se haga pesada su estrofa poco ágil. Cuenta siempre casos de intercesión milagrosa de la Virgen a favor de devotos suyos, en muchos casos pecadores muertos sin tiempo de arrepentirse. Aparece el tema pre-faustiano del pacto diabólico; el tema del «prometido de la Virgen», que no puede consumar su matrimonio; el tema del «judiezno», el niño judío que ha comulgado ignorantemente, con sus amiguitos, y que, al ser arrojado a un horno por los suyos, es salvado por aquella Señora que había visto sobre el altar; el tema de la abadesa encinta, cuya deshonra es ocultada por la Virgen; el tema del clérigo ignorante que no sabía decir otra misa que la de la Virgen... Son motivos que hacen pensar en la más vieja pintura románica y que, como ésta, brillan con colores populares, aun con toda su voluntad de refinamiento artístico.
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