Pasó tres años (1519-21) en la corte de Francia antes de aparecer en la de Inglaterra, donde supo atraerse al rey Enrique, quien, cansado de su esposa legítima, Catalina de Aragón, la tomó como concubina, mientras trataba de conseguir de la Iglesia la anulación de su primer matrimonio.
Durante las negociaciones subsiguientes, Enrique VIII puso cada vez más de relieve sus relaciones con Ana hasta que, al quedar ésta encinta, la tomó en matrimonio (enero 1533) y rompió con Roma. Así se inició el Cisma de Inglaterra, consolidado al declararse el Rey cabeza de la Iglesia Anglicana (Acta de Supremacía).
En adelante todo fue fácil: declaró nulo su matrimonio con Catalina y válido el celebrado con Ana; ilegitima a María, hija de aquélla (v. María I), y legitima su descendencia con ésta (Acta de Sucesión).
Sin embargo, Enrique pronto se hastío también de Ana, especialmente al dar ésta a luz una niña (setiembre 1533) en lugar del hijo que el Rey deseaba para asegurar la sucesión directa en la casa Tudor. Acusó a su esposa de adulterio en 1536.
El propio padre de Ana y su tío el duque de Norfolk formaron parte del tribunal que halló culpable a la Reina. Sus alegados cinco amantes fueron ejecutados por alta traición y la propia Ana fue decapitada el 19 de mayo de 1536.
Aquel mismo día concedía Cranmer licencia eclesiástica para el casamiento del Rey con Juana Seymour.
Después de la ejecución de Ana Bolena, Enrique VIII se casó rápidamente con su siguiente esposa, Juana Seymour, quien finalmente le dio el hijo que tanto deseaba, Eduardo VI. Sin embargo, Juana falleció poco después del parto y Enrique se volvió a casar tres veces más, con Ana de Cléveris, Catalina Howard y Catalina Parr.
A pesar de su trágico final, Ana Bolena dejó un impacto significativo en la historia de Inglaterra. A través de su hija Isabel, quien se convirtió en una de las reinas más poderosas y conocidas de la historia, Ana se convirtió en la ancestro de la dinastía Tudor.
Además, su matrimonio y posterior ejecución marcaron un punto de inflexión en la Iglesia Anglicana, ya que la ruptura con Roma y la declaración del rey como líder supremo de la iglesia tuvieron repercusiones duraderas en la religión y la política de Inglaterra.
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