La tendencia del agua de cal y otros productos cálcicos a formar compuestos insolubles les hace muy buenos antídotos para algunos venenos cuando todavía se encuentran éstos en el estómago. Son particularmente útiles en los envenenamientos por ácido oxálico, cuya intoxicación es muy peligrosa y a veces resulta fatal; el ion calcio se une con el oxálico para formar una sal insoluble y no absorbible. Si no se dispone de agua de cal u otro compuesto puro de calcio, debe administrarse creta o caliche de la pared, pulverizados y mezclados con abundante líquido. Los compuestos de calcio también protegen de los efectos tóxicos del sodio y potasio; en realidad basta una pequeña cantidad de agua de cal para neutralizarlos. Es curioso que el calcio compense también las propiedades tóxicas del agua destilada; es sabido que los animales marinos toleran mejor el agua dulce cuando ésta contiene algo de calcio.
Uno de los más notables efectos de la cal como antídoto es su capacidad para contrarrestar la anestesia general producida por compuestos de magnesio; un animal completamente narcotizado por magnesio se recupera casi instantáneamente tras la inyección intravenosa de cantidades apropiadas de calcio, sin que por ahora se conozca la explicación adecuada de este sorprendente fenómeno, aparte del hecho general de que algunas enzimas, esenciales para la vida y la actividad nerviosa, se ven afectadas de una manera diametralmente opuesta por el magnesio y por el calcio.
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