El arte de fundir campanas no ha experimentado apenas variaciones desde el medievo. Las campanas se funden sobre un molde atenido a su forma, cubierto por otro mayor. El metal líquido se vierte por una abertura situada en el extremo superior hasta que el espacio entre las dos partes quede lleno. Una vez enfriado el líquido, la campana se separa del molde, se desbasta y se pule. Si ha de tener un tono determinado, se coloca en un torno especial que rebaja el metal en los lugares necesarios para que se eleve o descienda el tono. Además de la nota principal producida, en una campana de buen tono se obtienen armónicos naturales. Véase Sonido, Tonos musicales.
Cómo se tocan las campanas. Las campanas se voltean o tañen. Para lo primero van provistas de una barra de metal, pendiente en el interior, llamada badajo, que golpea el borde de la campana al ser ésta volteada. Los repiques de conjuntos de campanas afinadas en relación unas con otras producen a veces efectos verdaderamente artísticos. El arte de tocar las campanas, valiéndose de la posibilidad de golpearlas en diferente orden, de acuerdo con una pauta establecida, se llama repique. El número de campanas determina el de secuencias o cambio posibles; por ejemplo, 3 campanas permiten 6 cambios; 6, 720; 12, 479001600. En los repiques intervienen de 3 a 12 campanas.
Las campanas pueden ser tañidas de varios modos, aunque por «tañido» se entiende generalmente el acto de golpear la campana con su propio badajo, un martillo o una maza de madera.
Para más información ver: campana.
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