Lugar donde se confina y retiene a personas sospechosas, especialmente en tiempo de guerra. Su aparición es menos reciente de lo que pudiera pensarse. Los españoles los emplearon en la Guerra de Cuba a finales del siglo xix, así como los norteamericanos, en Filipinas, para reprimir las actividades de los guerrilleros, durante la insurrección de 1899-1902. En realidad, pocos países envueltos en conflictos han dejado de recurrir modernamente a este discutido sistema de internamiento.
La Alemania nazi los estableció por los años 1934 para recibir a judíos, adversarios políticos y otros «enemigos»; estos campos no sirvieron sólo de lugares de reclusión, sino muchas veces de centros destinados a aplastar toda oposición por la tortura y el exterminio. Al estallar la II Guerra Mundial y apoderarse los alemanes de diferentes países, los patriotas que en ellos se opusieron al régimen nazi vinieron a engrosar la población internada.
Se estima que pasaron en total por estos campos de 12 a 20 millones de infelices, en que se mezclaban criminales comunes con detenidos políticos. Los internados se veían sometidos a condiciones de vida infrahumanas, duros trabajos, brutalidades y torturas.
Gran parte de ellos acababan siendo exterminados por el hambre, la horca, el fusilamiento y las cámaras de gas.
Son tristemente famosos a este respecto los campos de Dachau, Buchenwald y Belsen en Alemania, Oswiecim (Auschwitz) y Maidanek en Polonia.
Las investigaciones llevadas a cabo después de la guerra, los testimonios aportados en los procesos de Nuremberg contra los «criminales de guerra» y posteriormente el de Eichmann (1961) en Israel proporcionaron detalles siniestros sobre el funcionamiento de estos lugares.
Para más información leer:
campo de exterminio.
Enviar comentario o duda sobre «campo de concentración»
También puedes usar el asistente de IA si prefieres una respuesta inmediata.