La colina se quiebra en su extremo meridional en un precipicio, la roca Tarpeya, desde la que eran arrojados los criminales de Estado.
En su cima septentrional se alzaba el Arx o ciudadela, cuyo lugar está ocupado actualmente por la iglesia de Santa María in Aracoeli.
En la cumbre meridional, o Capitolium propiamente dicho, se levantaba el templo nacional consagrado a Júpiter Óptimo Máximo, Juno y Minerva. En el Capitolio estaba también el templo de Júpiter Tonante, edificado por el emperador Augusto (63 a. de J.C.-14 d. de J.C.) y el magnífico Tabularium, construido por Quinto Cátulo, 73 a. de J.C., en el que se guardaban los archivos.
El Capitolio fue fundado por Tarquino el Antiguo (616-579 a. de J.C.) y terminado por Tarquino el Soberbio (535-510 a. de J.C.).
Fue incendiado en las guerras civiles el año 83 a. de J.C.; reconstruido por Lucio Sila, ardió de nuevo a manos de los soldados de Vitelio el año 69 d. de J.C. Reedificado por Vespasiano el año 80 e incendiado por tercera vez durante el reinado de Tito, fue restaurado espléndidamente por Domiciano (51-96 d. de J.C.).
El edificio duró hasta el último periodo del Imperio (455 d. de J.C.), pero fue destruido finalmente por los vándalos. En el Capitolio se guardaban los libros sibilinos (v. Sibila) y los cónsules ofrecían sacrificios y hacían votos al tomar posesión de sus cargos. Los generales victoriosos también eran conducidos al Capitolio en sus carros triunfales para dar gracias a Júpiter.
Miguel Ángel proyectó la reconstrucción del Capitolio en el lugar del antiguo edificio, ocupado ahora por la vasta plaza del Campidoglio.
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