Origen de la industria.
Hacia finales del siglo xviii se despertó tanto en América como en Europa un enorme interés por reproducir artificialmente las aguas efervescentes de los manantiales entonces famosos. Las primeras experiencias de científicos como Black, Cavendish, Priestly, Bergman, Lavoisier y Scheele fueron seguidas por afortunados esfuerzos para comercializar sus descubrimientos. En los Estados Unidos los inició Silliman, químico de Yale, y la fabricación y consumo de esta clase de bebidas se extendieron rápidamente.
Técnicas modernas de envasado.
Generalmente se mezclan en la botella el agua carbónica y un jarabe aromatizado, a base de sacarosa, que puede esterilizarse por el calor para evitar las fermentaciones. Para darle sabor y aroma se le añaden zumos concentrados de frutas, aceites esenciales de limón, naranja, lima y fresa o extractos de nuez de cola, jengibre, vainilla, sasafrás y otros. Para conseguir un deje picante se utilizan ácidos de frutos, cítrico o tartárico, o bien ácido fosfórico; el color, si es preciso, se imparte con colorantes autorizados, en muchos casos con caramelo.
Entre las bebidas carbónicas más populares se encuentran las que llevan extracto de nuez de cola, por lo que contienen pequeñas cantidades de cafeína, y de hojas de coca, de las que se ha separado la cocaína por un tratamiento apropiado, que les comunican su sabor especial. La cerveza de jengibre debe su sabor característico al extracto de raíz de jengibre de Jamaica. La zarzaparrilla se aromatiza con una esencia que contiene wintergreen y aceite de sasafrás o de zarzaparrilla.
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