El Ejército norteamericano adoptó primero el modelo inglés, pero más tarde empleó una careta que, además de prescindir del dispositivo de boca y la pinza nasal, combinaba las mejores características del modelo inglés de filtro con la de la careta francesa tipo Tissot. En las caretas modernas el aire se filtra a través de una sustancia química muy activa. La pieza facial, de goma moldeada y forrada de tela elástica, se adapta a todos los tipos de cara.
En la II Guerra Mundial todos los soldados fueron equipados de su correspondiente careta, lo mismo que numerosos civiles de Jas naciones beligerantes, aunque ninguna de ellas hiciese uso del gas salvo en contadas ocasiones. Como dato demostrativo de la labor concienzuda llevada a cabo por Inglaterra en la defensa contra la guerra química, citaremos el encargo de su Gobierno, en agosto de 1939, de 1400000 caretas antigás infantiles diseñadas en forma de biberón. Las casas de modas idearon infinidad de portamáscaras de modelos diferentes a juego con la indumentaria de calle. Las caretas son prácticas en muchas coyunturas pacíficas: trabajos de minería, extinción de incendios, gripe, fiebre de heno y tantas más.
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