Artículo enciclopédico: catedrales de Italia (historia)
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catedrales de Italia (historia)

 


catedrales de Italia (historia)
  1. La antigua vinculación de Italia a Bizancio —el exarcado bizantino de Rávena, instituido por Justiniano, perduró hasta el 754— y, posteriormente, las relaciones políticas y comerciales de las repúblicas italianas con Oriente determinaron el predominio del estilo bizantino en la primera época de la arquitectura catedralicia italiana. Ya antes hallamos muestras del bizantino en Rávena (San Vítale), Milán y Roma (San Teodoro). Bizantina fue la primera gran catedral italiana: San Marcos de Venecia. Iniciada por el dux Domenico Contarini y consagrada en 1071, tiene planta de cruz griega, cinco cúpulas apoyadas sobre pechinas e iconostasio. Su plan responde a una notable unidad de criterio, pero en su construcción se hace sentir la influencia del románico. Son notables su maravillosa riqueza cromática y su soberbia decoración, obra de muy diversos artistas.

    El románico italiano, conocido por arquitectura lombarda, encuentra su primera expresión en la catedral de Cremona (siglo xii), en cuya fachada destaca una bellísima rosa labrada en 1287 por Giacomo Porrata de Como. En la de Parma (siglo xi) son notables las logias características del lombardo. La de Módena, empezada en 1099, recibió la influencia del subestilo toscano. Este se presenta con toda brillantez en Lucca (1070), con fachada de Guidetto de Como (1204, y Pisa, que, construida por los arquitectos Buschette y Reinaldus (1063-1118), tiene cinco naves en el brazo mayor y tres en el crucero; está embellecida por mármoles y columnas corintias que le confieren cierta apostura clásica. Parcialmente lombardas son también las catedrales de Arezzo, Aosta, Reggio, Ferrara y Pia-centa.

    La catedral de Milán, de estilo gótico, se inició a finales del siglo xiv sobre la base estructural del triángulo equilátero. Sus obras, paralizadas múltiples veces por disquisiciones arquitectónicas, invasiones, guerras y pestes, se reanudaron en 1805 con toda urgencia para satisfacer a la premura de Napoleón en hacerse coronar en ella como rey de Italia. La cúpula (1500) se debe a Amadeo y Dolcebono, el coro y cripta a Tibaldi. La fachada, de estilo clásico corintio, aún está incompleta. Pese a la fama de la catedral de Milán, maravilloso sueño de mármol blanco, erizado de pináculos y estatuas, el verdadero gótico italiano, más atento a la decoración que a la armadura, se manifiesta mejor en las catedrales de Orvieto (1290), construida sobre base románica, lo que no empece a la proporcionada armonía, Siena (siglo viii), en cuya erección colaboró el célebre Nicolás de Pisa, y Florencia (Santa María de las Flores, 1296), iniciada por Arnolfo di Cambio, famosa por el empleo en su exterior de mármoles blancos, verdes y rojos que le confieren una caprichosa policromía, por su famoso campanario y, sobre todo, por la notable bóveda doble sobre un tambor octogonal, obra maestra de Brunelleschi, concluida en 1436.

    Esta cúpula de Santa María de las Flores marca la introducción definitiva del Renacimiento, que culminaría con la construcción de la basílica de San Pedro de Roma. La idea inicial es de Nicolás V, pero el comienzo real de los trabajos se debe a Julio II y los planos a Bramante. El proyecto era grandioso y tenía por base la planta de cruz griega, pero sufrió numerosas alteraciones. Rafael recibió órdenes de adoptar la cruz latina y extendió los brazos; Miguel Ángel volvió a la idea original, proyectó la soberbia cúpula, obra maestra del Renacimiento, y dio forma definitiva a la basílica, pero, desgraciadamente, Paulo V se aferró a la idea de cruz latina y así se construyó el templo bajo la dirección de Maderna, que además proyectó la fachada. La forma actual resta grandeza a las colosales proporciones del templo. Consagrada en 1626, fue concluida por Bernini. Otras catedrales renacentistas italianas son las de Rímini, proyectada por Leone Battista Alberti, Turín y Gomo, aunque ésta es gótica en su interior. El barroco exhibe la exuberancia de sus formas en las catedrales de Lecce, la más notable en este estilo, y Génova.

    Las catedrales italianas pagaron un fuerte tributo a la II Guerra Mundial: la de Benevento quedó casi totalmente demolida y la de Rímini, semiderruida; la de Alatri recibió varios cañonazos y la de Ancona perdió el techo. También fueron dañadas las de Pisa, Volterra, Caltanisetta, Livorno, Vincenza y otras.

    Para más información ver: catedral.
Actualizado: 26/09/2015
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