Está compuesto por una serie de tripletes de nucleótidos llamados codones, que especifican qué aminoácidos deben ser unidos para producir una proteína determinada.
El código genético es universal en todos los seres vivos, lo que significa que los mismos codones se utilizan para codificar los mismos aminoácidos en todas las especies.
El código genético consta de 64 posibles codones, ya que cada codón consiste en una secuencia de tres bases o nucleótidos y hay cuatro posibles bases (adenina, guanina, citosina y timina). Sin embargo, solo 20 de estos codones codifican aminoácidos, el resto son codones de inicio o fin que indican donde comienza y termina la secuencia de ADN que codifica una proteína.
Aun cuando el código genético es casi universal, existen algunas excepciones a la universalidad de este código conocidas como códigos genéticos alternativos. Estos normalmente se encuentran en mitocondrias y microorganismos que han evolucionado para utilizar algunos codones de manera ligeramente diferente. A pesar de estas leves variaciones, la esencia fundamental del código genético es la misma en todas las formas de vida.
Además, cada uno de los genes dentro de un organismo tiene una secuencia única de nucleótidos que determina la secuencia de aminoácidos de la proteína a la que codifica, lo que a su vez determina la función de esa proteína dentro del organismo. La secuencia genética de un organismo, por lo tanto, determina su fenotipo, o las características observables que el organismo exhibe.
Cabe mencionar que nuestro entendimiento del código genético ha permitido desarrollos significativos en la biotecnología y la medicina genómica. Los avances en la secuenciación del ADN nos permiten leer el código genético, lo que nos ha llevado a la medicina personalizada, donde los tratamientos pueden ser adaptados para un individuo basándonos en su perfil genético único.
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