A pesar de todos los cambios políticos sufridos por Francia a lo largo de los siglos, la Comédie Française sigue funcionando básicamente bajo la misma constitución (si bien perfeccionada y ampliada por Napoleón en su «Decreto de Moscú») que reguló su vida en el siglo xvii.
Los miembros de la compañía se dividen en pensionados y socios. Lo más corriente es que los primeros sean actores jóvenes procedentes del Conservatorio de Arte Dramático, donde han obtenido un primer premio. Si superan con éxito el periodo de prueba, pasan a la condición de socios e ingresan en la compañía de actores tan pronto como se produzca una vacante. El miembro se encuentra ligado por un contrato de veinte años que le prohibe actuar en ningún otro lugar. No obstante, frente a posibles oportunidades cinematográficas, las reglas se relajan un tanto. La jubilación empieza a regir a los veinte años de trabajo.
La importancia del teatro se debió siempre a los autores que escribieron para él en larga lista encabezada por el propio Molière. En 1900 se hizo un balance general de actividades: en doscientos veinte años la compañía había estrenado o reestrenado alrededor de 3000 obras escritas por 1500 autores. Jean Racine había sido representado 6270 veces; Jean François Regnard, 5202; Pierre Corneille, 4717; Voltaire, 3950; Pierre Marivaux, 2431; Alfred de Musset, 1841; Alexandre Dumas, 1427; Victor Hugo, 1163. Molière, con sus 20290 representaciones, superó en varias veces la cifra de cualquier otro autor. En lo que llevamos de siglo la proporción ha seguido siendo muy parecida. En 1955 la Comédie Française hizo su primera visita al exterior para actuar durante un mes consecutivo en Nueva York.
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