La elección puede recaer canónicamente en cualquier varón bautizado, sea o no clérigo, aunque generalmente se pronuncie en favor de alguno de los cardenales. Para que sea válida ha de reunir tres requisitos principales: que acudan a la votación por lo menos la mitad más uno de los cardenales, que se realice precisamente en cónclave y que se llegue a ella por uno de los sistemas de elección preconizados.
Estos últimos son tres, a saber: el de «inspiración», el de «compromisarios» y el de «escrutinio». El primero tiene lugar cuando todos los participantes proclaman unánimemente en voz alta el nombre del elegido. El segundo supone el nombramiento de tres compromisarios a quienes se dan por escrito instrucciones y se fija un plazo de acción. El tercero, en fin, que es el generalmente seguido, resulta también el más laborioso. Puesto que en él la elección ha de hacerse por votación, se empieza por distribuir a los congregados sendas papeletas, que llenarán con letra desfigurada y distinguirán con lema y sello secretos. Una vez cumplidos estos requisitos, cada votante se dirige con la papeleta en la mano al altar y la deposita en un cáliz, donde, una vez reunidas todas, las cuenta un primer escrutador. Si su número no se correspondiese con el de votantes, se destruirán por el fuego y se repetirá el procedimiento. De lo contrario pasarán a un segundo escrutador y de éste a un tercero, que las lee en voz alta. Caso de que ningún nombre reuniera los dos tercios de los votos emitidos, se quemarán las papeletas, cuyo humo negro anunciará simbólicamente al exterior un intento de elección frustrado. La sfumata blanca anunciará, en cambio, que la votación ha sido fructuosa.
Una vez elegido candidato, se le pregunta si acepta o no el cargo y, en caso afirmativo, el nombre con el que se dispone a reinar, sabido el cual se considera ya Papa. El camarlengo le colocará seguidamente el anillo pastoral de oro macizo con la efigie de San Pedro tendiendo las redes. El nuevo Papa recibe sus vestiduras blancas y rojas y, finalmente, la tiara, de manos del cardenal diácono más antiguo. Terminadas estas ceremonias, es trasladado en la silla gestatoria a la Capilla, donde recibe el acatacamiento del Sacro Colegio. Véase Cardenal; Papa; Papado.
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