El centro-este de Argentina está integrado por llanuras. La de Mesopotamia presenta características similares a la del Chaco; su basamento antiguo muestra en los últimos tiempos una tendencia a elevarse. La llanura de la Pampa recubre el basamento cristalino con espesor muy desigual, ya que alcanza más dé 1000 m en algunos puntos y muy pocos en cambio en otros, como consecuencia de la intensa fractura que sufrió el macizo hundido; rocas antiguas emergen sobre las capas sedimentarias más modernas y forman algunas sierras que rompen la monotonía de la llanura.
La gran actividad orogénica de la Era terciaria que levantó los Alpes en Europa, plegó en el continente sudamericano la cordillera andina; el plegamiento se inició por el S a principios del periodo, a base de rocas basálticas, y continuó posteriormente más al N con andesitas y porfiritas. Al plegamiento andino acompañó una intensa actividad volcánica, que constituye hoy la característica más notable de la cordillera, volcánicas como son sus cumbres más elevadas. Pero esa actividad volcánica del suelo argentino no ha quedado reducida a la zona andina, pues en el Triásico la zona del Alto Paraná sufrió una efusión de «meláfiros» que afectó a más de 1000000 km2. En Patagonia las convulsiones volcánicas son muy posteriores (del Terciario y Cuaternario) y sus rocas más típicas, los basaltos; en los Andes la actividad, ha sido casi constante desde la época primaria y sus rocas son más variadas. El altiplano de la Puna debe algunas de sus montañas a fenómenos volcánicos recientes; una serie de volcanes se extienden en forma de arco desde Zapaleri al N hasta Socompa. De esa zona septentrional el Llullaillaco y el grupo del Anto-fallo son los volcanes más notables y mantienen manifestaciones postvolcánicas, como pequeños géiseres. En los Andes meridionales, al S de los 33°, se inicia otra zona volcánica, con el famoso Tupungato; otros volcanes de esa región son el San José, Overo y Peteroa, en los que se han producido efusiones gaseosas. También la zona preandina tiene conos volcánicos que extendieron sus mantos de lava sobre grandes superficies en sus erupciones cuaternarias; ejemplo de ellos. son el Páyún y Payún Matrú. En la zona de Neuquén el Copahué mantiene aún cierta actividad, con expulsión de gases; otros volcanes son el Domuyo y el Lanín, este último extinto. La mayor parte de los volcanes argentinos ha interrumpido su actividad, al menos temporalmente, pero algunos la conservan; hoy en día es más intensa la de los volcanes situados en los Andes chilenos.
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