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m. Excremento fósil; heces fosilizadas de diversos animales.
Los coprolitos se clasifican como fósiles de trazas en contraposición a los fósiles de cuerpos, ya que dan evidencia del comportamiento del animal (en este caso, la dieta) más que de su morfología.
Fueron descritas por primera vez por William Buckland en 1829.
Los coprolitos pueden tener un tamaño que va de unos pocos milímetros a más de 60 centímetros, lo que les confiere un valioso valor en paleontología, ya que proporcionan evidencia directa de la depredación y la dieta de los organismos extintos.
Los coprolitos, distintos de las paleo heces (heces humanas antiguas, a menudo encontradas como parte de excavaciones o estudios arqueológicos), son estiércol animal fosilizado.
Como otros fósiles, los coprolitos han sido reemplazados en gran parte de su composición original por depósitos minerales como silicatos y carbonatos de calcio.
Las paleo heces, por otro lado, conservan gran parte de su composición orgánica original y pueden ser reconstituidas para determinar sus propiedades químicas originales, aunque en la práctica el término coprolito también se utiliza para el material fecal humano antiguo en contextos arqueológicos.
Los coprolitos de peces, por ejemplo, son muy interesantes porque a menudo contienen fragmentos de espinas, huesos, dientes y conchas, es decir, partes no digeribles de los alimentos con los que el animal se nutría. Excepcionalmente se han encontrado coprolitos en forma helicoidal y con otras impresiones y marcas producidas por la conformación del tubo intestinal, como se ha visto en los excrementos de algunos peces vivientes.
Los coprolitos contienen una gran proporción de fosfato cálcico y cuando aparecen en grandes cantidades se utilizan para la preparación de fertilizantes.
Los coprolitos se clasifican como fósiles de trazas en contraposición a los fósiles de cuerpos, ya que dan evidencia del comportamiento del animal (en este caso, la dieta) más que de su morfología.
Fueron descritas por primera vez por William Buckland en 1829.
Los coprolitos pueden tener un tamaño que va de unos pocos milímetros a más de 60 centímetros, lo que les confiere un valioso valor en paleontología, ya que proporcionan evidencia directa de la depredación y la dieta de los organismos extintos.
Los coprolitos, distintos de las paleo heces (heces humanas antiguas, a menudo encontradas como parte de excavaciones o estudios arqueológicos), son estiércol animal fosilizado.
Como otros fósiles, los coprolitos han sido reemplazados en gran parte de su composición original por depósitos minerales como silicatos y carbonatos de calcio.
Las paleo heces, por otro lado, conservan gran parte de su composición orgánica original y pueden ser reconstituidas para determinar sus propiedades químicas originales, aunque en la práctica el término coprolito también se utiliza para el material fecal humano antiguo en contextos arqueológicos.
Los coprolitos de peces, por ejemplo, son muy interesantes porque a menudo contienen fragmentos de espinas, huesos, dientes y conchas, es decir, partes no digeribles de los alimentos con los que el animal se nutría. Excepcionalmente se han encontrado coprolitos en forma helicoidal y con otras impresiones y marcas producidas por la conformación del tubo intestinal, como se ha visto en los excrementos de algunos peces vivientes.
Los coprolitos contienen una gran proporción de fosfato cálcico y cuando aparecen en grandes cantidades se utilizan para la preparación de fertilizantes.
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En Medicina, cálculos intestinales formados de materia excrementicia endurecida.
Etimología u origen
deriva de las palabras griegas κόπρος (kopros, que significa "estiércol") y λίθος (lithos, que significa "piedra").

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