Sensación muy peculiar producida por la ligera estimulación táctil de ciertas zonas de la piel. La persistencia del estímulo resulta desagradable, aunque paradójicamente produzca una risa convulsiva. Una región muy sensible al cosquilleo es la axila, donde son más densas las terminaciones dolorosas. Cuando, al atacar una fiera al hombre primitivo, clavaba sus garras en los flancos de la víctima, es evidente que éste realizaría violentos esfuerzos para librarse del ataque. La respuesta al cosquilleo es semejante e incluso es posible que la constatación de la ausencia de tal peligro en el cosquilleo actual provoque en nosotros esa reacción cuasiplacentera que halla expresión en la risa sin sentido.
La naturaleza primitiva del dolor se manifiesta en su imposibilidad de ser representada en la localización funcional de la corteza cerebral. La exploración de la superficie expuesta del cerebro en personas conscientes ha dado por resultado la aparición de alucinaciones sensoriales táctiles en diferentes partes de la piel al ser estimuladas las adecuadas proyecciones corticales. Sin embargo, no se han conseguido prácticamente nunca sensaciones dolorosas por este procedimiento. Evidentemente la sensación dolorosa no se transmite más allá del tálamo e incluso la consciencia del dolor es subcortical. Su localización se produce sin duda por la estimulación simultánea de otros receptores que llevan sus respuestas a la región de la corteza. En la antigua clasificación de las sensaciones en primitivas o protopáticas y refinadas o epicríticas, el dolor encajaría del todo entre las primeras.
Para más información ver:
dolor y placer.
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