Cristina se rodeó de los sabios más eminentes de su época, como Descartes y Grocio (v. Descartes, Renato; Grocio, Hugo), y reunió una vasta biblioteca, pero su prodigalidad, favoritismo y excesivo amor a los placeres le enajenaron las simpatías de las clases rectoras. Su negativa a contraer matrimonio con su primo Carlos Gustavo, príncipe del Palatinado, así como su simpatía por el Catolicismo, provocaron la crisis política.
Desde 1650 estuvo considerando la posibilidad de renunciar a la corona; finalmente abdicó en favor de su citado primo (1654), que subió al trono con el nombre de Carlos X Gustavo (v. Carlos X de Suecia). Abandonó su país en junio y fue admitida oficialmente en el seno de la Iglesia Católica en noviembre del año siguiente. Vivió posteriormente en Roma y París. Su plan secreto para obtener el trono de Nápoles fue traicionado por su agente y amante, a quien ordenó dar muerte. Volvió a Suecia en dos ocasiones (1660 y 1667) con la vana esperanza de recuperar la corona. Finalmente fijó su residencia en Roma, donde vivió rodeada hasta su muerte de cardenales, escritores, sabios y artistas. Fue enterrada en la Basílica de San Pedro.
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