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Cap. del mun,, p. j. y prov. española homónimos, a 922 m de altitud, en la confluencia del Júcar y el Huécar, entre los cerros de Molina y del Socorro, donde la llanura manchega se alza bruscamente para dar paso a la serranía. Ha experimentado un lento crecimiento demográfico. Su posición determina un clima continental, con inviernos fríos (2°C), veranos cálidos (20 °C) y pluviosidad media (815 mm).
A la derecha del Júcar se extiende el barrio de Belén, pero el núcleo principal de la ciudad se sitúa en la orilla opuesta, dividido en dos por el Huécar. La ciudad medieval, a la derecha del Huécar, reúne los monumentos más interesantes. El barrio viejo o del Castillo asciende por el cerro en calles estrechas y tortuosas, con escalinatas de piedra y antiquísimos edificios. Desde esta parte se domina el río, las profundas hoces salvadas por atrevidos puentes como el de San Pablo (60 m de altura) y las llamadas casas colgantes, adosadas a una pétrea colina, sobre un profundo precipicio. La ciudad antigua, rodeada por una muralla que aún se conserva en parte, tiene su centro en la Plaza Mayor. En torno a ella se alzan el Ayuntamiento, el convento de las Descalzas y la catedral, impresionante obra de estilo gótico primitivo (siglo xii), ojival normando en la parte antigua y anglonormando en el cuerpo. Posee tres naves, giróla doble (siglo xv) y un interesante triforio. Son notables los retablos de sus capillas laterales y, sobre todo, algunos espléndidos trabajos de rejería que culminan en la reja del altar mayor, obra de Hernando de Arenas. Completan la riqueza monumental de la catedral el altar del Transparente, decorado con profusión de mármoles y el arco de Jamete, de estilo renacimiento. Otros edificios notables son el palacio episcopal, el hospital de Santiago, el convento de San Pablo y la torre Mangana de los árabes. En la iglesia de San Antón se venera Nuestra Señora de la Luz, patraña de Cuenca. El Museo posee valiosas colecciones en las que figuran el Greco, Mena y Caravaggio.
Cuenca es fundamentalmente mercado agrícola y forestal. Las industrias más importantes son las serrerías, que trabajan con la importante riqueza maderera de la provincia y suministran además resina, aguarrás y colofonia. Las industrias agrícolas (vinos) y pecuarias (quesos, lavaderos de lana) son de pequeñas dimensiones. Por lo que respecta a la vida cultural posee Instituto, Escuela Normal y del Trabajo y Escuela Sindical de Formación Profesional. Se encuentra sobre el ferrocarril Madrid-Valencia y enlaza por carretera con las principales poblaciones del sur de la provincia. Por el nordeste son bastante escasas las comunicaciones.
Cuenca surgió como protección del paso natural formado en la muela cortada por los ríos que la bañan. Defendido su acceso por un castillo, constituyó una fortaleza casi inexpugnable. Ocupada y fortificada por los árabes con el nombre de Conca, perteneció al aventurero Halsin antes de depender de Toledo. Alfonso VI de Castilla la recibió como dote, pero la perdió frente a los almorávides al ser derrotado en Uclés (1108). Tras penoso sitio, fue reconquistada por Alfonso VIII (1177), quien le concedería numerosos privilegios (1189), modelo para muchos fueros otorgados con posterioridad. En el siglo xv apoyó a Enrique IV el Impotente contra su hermano Alfonso; posteriormente tomó el partido de doña Isabel y más tarde de las Comunidades de Castilla contra Carlos I; fue saqueada por las tropas napoleónicas y sufrió dos asedios de las fuerzas carlistas, en cuyo poder cayó en el segundo de ellos (1874).
A la derecha del Júcar se extiende el barrio de Belén, pero el núcleo principal de la ciudad se sitúa en la orilla opuesta, dividido en dos por el Huécar. La ciudad medieval, a la derecha del Huécar, reúne los monumentos más interesantes. El barrio viejo o del Castillo asciende por el cerro en calles estrechas y tortuosas, con escalinatas de piedra y antiquísimos edificios. Desde esta parte se domina el río, las profundas hoces salvadas por atrevidos puentes como el de San Pablo (60 m de altura) y las llamadas casas colgantes, adosadas a una pétrea colina, sobre un profundo precipicio. La ciudad antigua, rodeada por una muralla que aún se conserva en parte, tiene su centro en la Plaza Mayor. En torno a ella se alzan el Ayuntamiento, el convento de las Descalzas y la catedral, impresionante obra de estilo gótico primitivo (siglo xii), ojival normando en la parte antigua y anglonormando en el cuerpo. Posee tres naves, giróla doble (siglo xv) y un interesante triforio. Son notables los retablos de sus capillas laterales y, sobre todo, algunos espléndidos trabajos de rejería que culminan en la reja del altar mayor, obra de Hernando de Arenas. Completan la riqueza monumental de la catedral el altar del Transparente, decorado con profusión de mármoles y el arco de Jamete, de estilo renacimiento. Otros edificios notables son el palacio episcopal, el hospital de Santiago, el convento de San Pablo y la torre Mangana de los árabes. En la iglesia de San Antón se venera Nuestra Señora de la Luz, patraña de Cuenca. El Museo posee valiosas colecciones en las que figuran el Greco, Mena y Caravaggio.
Cuenca es fundamentalmente mercado agrícola y forestal. Las industrias más importantes son las serrerías, que trabajan con la importante riqueza maderera de la provincia y suministran además resina, aguarrás y colofonia. Las industrias agrícolas (vinos) y pecuarias (quesos, lavaderos de lana) son de pequeñas dimensiones. Por lo que respecta a la vida cultural posee Instituto, Escuela Normal y del Trabajo y Escuela Sindical de Formación Profesional. Se encuentra sobre el ferrocarril Madrid-Valencia y enlaza por carretera con las principales poblaciones del sur de la provincia. Por el nordeste son bastante escasas las comunicaciones.
Cuenca surgió como protección del paso natural formado en la muela cortada por los ríos que la bañan. Defendido su acceso por un castillo, constituyó una fortaleza casi inexpugnable. Ocupada y fortificada por los árabes con el nombre de Conca, perteneció al aventurero Halsin antes de depender de Toledo. Alfonso VI de Castilla la recibió como dote, pero la perdió frente a los almorávides al ser derrotado en Uclés (1108). Tras penoso sitio, fue reconquistada por Alfonso VIII (1177), quien le concedería numerosos privilegios (1189), modelo para muchos fueros otorgados con posterioridad. En el siglo xv apoyó a Enrique IV el Impotente contra su hermano Alfonso; posteriormente tomó el partido de doña Isabel y más tarde de las Comunidades de Castilla contra Carlos I; fue saqueada por las tropas napoleónicas y sufrió dos asedios de las fuerzas carlistas, en cuyo poder cayó en el segundo de ellos (1874).
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