Un año más tarde creó la agrupación política RPF (Rassemblement du Peuple Français) pro reforma constitucional. En 1955 anunció en un discurso la retirada del RPF de la política y la libertad de los diputados y senadores degaullistas para incorporarse a otros partidos. No obstante hizo constar que, ante una nueva llamada del pueblo, él y su RPF estarían dispuestos a asumir el papel de «vanguardia» de la nación. La crisis argelina, que culminó el 13 de mayo de 1958 con la amenaza de guerra civil, puso nuevamente en sus manos las riendas del gobierno. Nombrado primer ministro el 31 de mayo, exigió plenos poderes para actuar durante seis meses sin consultar con la Asamblea; al propio tiempo preparó las reformas constitucionales que serían sometidas a un referéndum popular. En las elecciones de setiembre su nueva Constitución fue aprobada por abrumadora mayoría de votos en Francia y toda la Unión Francesa (salvo Guinea); la proclamación oficial de la Constitución (5 octubre) marcó el nacimiento de la Quinta República. Elegido su primer presidente para un mandato de siete años, De Gaulle asumió el cargo el 8 de enero de 1959 y tres años más tarde, después de las conversaciones de Evian, con los representantes del FLN argelino, dejó planteada la cuestión de la independencia de Argel, sin que hasta el momento presente se haya llegado a un acuerdo completo, si bien la nación francesa ha respondido afirmativamente al referéndum solicitado por De Gaulle el 8 de abril de 1962, sobre su política argelina.
Muchas han sido las controversias suscitadas por el papel de De Gaulle como dirigente militar y político. El general y luego presidente norteamericano Dwight Eisenhower dice en su Crusade in Europe (1948): «Personalmente me agradaba el general De Gaulle...; pensábamos, sin embargo, que (sus) muchas excelentes cualidades aparecían disimuladas por su hipersensibilidad y su extraordinaria testarudez en asuntos que nos parecían inconsecuentes.» Antes de 1958 la generalidad de los franceses parecía opinar que, si bien De Gaulle había combatido heroicamente al fascismo en la forma de la amenaza nazi a Francia, su nacionalismo a ultranza le arrastraba a numerosas disputas que hubiera podido soslayar un dirigente menos rígido; además, existía el temor de que su partido, el RPF, evolucionara hacia una dictadura fascista encabezada por el propio De Gaulle. Este temor, desmentido después de su ascensión al poder, ha hecho, sin embargo, que algunos sectores franceses e internacionales observen con recelo su personalísima política. Ha escrito, entre otros libros, Francia y su Ejército (1946) y una autobiografía, cuyo primer tomo apareció en 1955.
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