En una concentración dada, un desinfectante químico puede tener un efecto letal para una clase de organismos, al tiempo que sólo impide el desarrollo y reproducción de otra variedad, pero no es posible trazar una línea definida entre las sustancias que matan todos los microorganismos en poco tiempo y las que meramente impiden su multiplicación. Cuando solamente se dispone de un corto tiempo para la acción del desinfectante, como en la desinfección de instrumentos o en la preparación de la piel para una operación quirúrgica, los organismos deben ser eliminados rápida y totalmente. Cuando la concentración permanece invariable, como en la conservación de alimentos, es suficiente casi siempre prevenir meramente la multiplicación. Por lo que al agua potable respecta, deben destruirse todas las sustancias patógenas que pudieran entrar en el cuerpo por vía oral.
Para más información ver: desinfectantes.
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