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Ante todo conviene distinguir, por un lado, entre las lenguas peninsulares actuales, el catalán (cuyos dialectos son el mallorquín y el valenciano), el gallego, portugués y por otro los auténticos dialectos del castellano (leonés, aragonés, extremeño). Los primeros son formas independientes, lenguas desgajadas del mismo tronco qué el castellano adoptado luego como lengua nacional, y tienen una literatura y una tradición propias (v. Catalanas, Lengua y Literatura; Gallego). El gallego fue la lengua lírica por excelencia hasta el punto de que el propio Rey Sabio la utilizó en sus Cantigas, cuando aún el castellano parecía poco apto para la expresión poética. El catalán era ya lengua madura en tiempos de Raimundo Lulio, que escribió sus poesías en esta lengua, abandonando el provenzal, usado al principio por los poetas catalanes. En cuanto al castellano, el monumento más antiguo que de él se conserva es el Cantar de Mio Cid, compuesto hacia 1140. Se impuso a los demás dialectos tanto por su simplificación fonética como por razones políticas. Los regionalismos dialectales son ora restos de antiguas lenguas romances (leonés, riojano, aragonés) arrinconados por el castellano, ora derivaciones de éste, una vez constituido (andaluz, extremeño, murciano); estos últimos se distinguen sobre todo por sus peculiaridades fonéticas. Como formas dialectales extrapeninsulares figuran el judeo-español, ladino, lengua llena de rasgos arcaicos, hablada por los descendientes de los judíos expulsados de España en el siglo xv; y el «negro-español», hablado por los negros americanos que deformaron la fonética castellana de acuerdo con sus hábitos ancestrales. Consideración aparte debe merecer el vasco, lengua antiquísima, cuya procedencia sigue constituyendo un problema para los filólogos. Véase Vascuence.
Para más información ver: dialecto.
Para más información ver: dialecto.
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