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m. Variante regional de un idioma.
Un dialecto puede ser entendido como una forma de lenguaje que varía geográficamente o entre ciertos grupos sociales, poseyendo características propias en su gramática, vocabulario y pronunciación. Es decir, los dialectos son idiomas que se diferencian entre sí por distintas características lingüísticas, aunque mantienen una estructura común.
A pesar de estas diferencias, los hablantes de distintos dialectos suelen ser capaces de entenderse entre sí. Esto es, un hablante de un dialecto puede comunicarse eficientemente con otra persona que hable otro dialecto del mismo idioma. Sin embargo, en algunos casos, las variaciones entre dialectos pueden ser tan amplias que dificultan la comprensión mutua.
En la mayoría de los casos, los dialectos surgen debido al aislamiento geográfico o cultural. Los grupos de personas que viven en diferentes regiones o que pertenecen a diferentes culturas tienden a desarrollar características únicas en su lenguaje, lo que finalmente da lugar a la formación de dialectos.
Aunque un dialecto puede ser visto como una versión "menor" de un idioma, no es ni más ni menos valioso o correcto que la versión estándar del mismo. Los prejuicios contra ciertos dialectos suelen tener más que ver con las actitudes hacia los hablantes de esos dialectos, y no con las características del dialecto en sí.
En su sentido más genuino se alude con esta palabra a las distintas ramas de un tronco lingüístico principal. Así, el ruso, el polaco y el bohemio se consideran «dialectos» del eslavo.
También puede aplicarse a las diferencias o peculiaridades lingüísticas regionales o zonales, aunque en este caso será más apropiado emplear el término de «regionalismo».
Las diferencias o hábitos lingüísticos de una determinada ocupación u oficio tampoco forman verdaderos dialectos, sino lenguajes «profesionales», si se trata de individuos cultos, y «jergas» en caso contrario.
Suelen considerarse los localismos como desviaciones o divergencias del lenguaje culto hablado en cortes y academias, siendo así que, en realidad, aquéllos representan los usos antiguos, de los que se han apartado tales cortes y academias.
El lenguaje de las clases cultas está en mutación constante, como puede apreciarse en la pronunciación; mientras que en los centros rurales, donde conviven las mismas familias durante siglos, el habla ancestral se conserva con ligeros cambios.
• Dialectos Españoles: Ante todo conviene distinguir, por un lado, entre las lenguas peninsulares actuales, el catalán (cuyos dialectos son el mallorquín y el valenciano), el gallego, portugués y por otro los auténticos dialectos del castellano (leonés, aragonés, extremeño). Los primeros son formas independientes, lenguas... Para seguir leyendo ver: Dialectos Españoles
Generalmente la geografía, con sus fronteras y áreas de expansión naturales, laboró en favor del nacimiento y conservación de las formas dialectales antiguas.
El fenómeno es observable incluso dentro de los límites de un mismo país, donde a las diferencias físicas corresponden rasgos lingüísticos peculiares.
En una misma isla como Gran Bretaña podemos encontrar así numerosas variantes idiomáticas. Ya tempranamente se forma un dialecto en las Tierras Bajas de Escocia, en el antiguo reino de Northumbria, cuyo territorio se extendía desde el Humber al Forth.
Esta rama del inglés septentrional se divide en tres grupos: 1) el del nordeste (desde el Tay al Firth de Pentland), con tres subdialectos: 2) el central, con cuatro subdialectos; y 3) el meridional que, con pequeñas variantes, se habla desde el Tweed al Firth de Solway.
Lo mismo cabría decir de Francia, Alemania, Italia y otros países de rica variedad dialectal.
El habla de los países hispanoamericanos no se considera separada de la española en ningún aspecto, sino una prolongación de la misma, como lo demuestra el hecho de que la Academia Española incorpore a su Diccionario constantemente voces procedentes de esos países.
Otro tanto podría decirse con respecto al portugués y al brasileño, si bien en este caso se aprecian diferencias más profundas.
El contacto y relaciones entre gentes pertenecientes a dos familias lingüísticas diferentes puede dar origen a dialectos híbridos.
El «alemán de Pensilvania» es una mezcla de alemán meridional e inglés; en la costa norteamericana del NO la lengua comercial de los indios fue la llamada jerga chinook, compuesta de indioamericano, franco canadiense e inglés. En fin, en Extremo Oriente existe el pigdin, amalgama de chino e inglés.
Un dialecto puede ser entendido como una forma de lenguaje que varía geográficamente o entre ciertos grupos sociales, poseyendo características propias en su gramática, vocabulario y pronunciación. Es decir, los dialectos son idiomas que se diferencian entre sí por distintas características lingüísticas, aunque mantienen una estructura común.
A pesar de estas diferencias, los hablantes de distintos dialectos suelen ser capaces de entenderse entre sí. Esto es, un hablante de un dialecto puede comunicarse eficientemente con otra persona que hable otro dialecto del mismo idioma. Sin embargo, en algunos casos, las variaciones entre dialectos pueden ser tan amplias que dificultan la comprensión mutua.
En la mayoría de los casos, los dialectos surgen debido al aislamiento geográfico o cultural. Los grupos de personas que viven en diferentes regiones o que pertenecen a diferentes culturas tienden a desarrollar características únicas en su lenguaje, lo que finalmente da lugar a la formación de dialectos.
Aunque un dialecto puede ser visto como una versión "menor" de un idioma, no es ni más ni menos valioso o correcto que la versión estándar del mismo. Los prejuicios contra ciertos dialectos suelen tener más que ver con las actitudes hacia los hablantes de esos dialectos, y no con las características del dialecto en sí.
Dialecto en su sentido más genuino
En su sentido más genuino se alude con esta palabra a las distintas ramas de un tronco lingüístico principal. Así, el ruso, el polaco y el bohemio se consideran «dialectos» del eslavo.
También puede aplicarse a las diferencias o peculiaridades lingüísticas regionales o zonales, aunque en este caso será más apropiado emplear el término de «regionalismo».
Las diferencias o hábitos lingüísticos de una determinada ocupación u oficio tampoco forman verdaderos dialectos, sino lenguajes «profesionales», si se trata de individuos cultos, y «jergas» en caso contrario.
Suelen considerarse los localismos como desviaciones o divergencias del lenguaje culto hablado en cortes y academias, siendo así que, en realidad, aquéllos representan los usos antiguos, de los que se han apartado tales cortes y academias.
El lenguaje de las clases cultas está en mutación constante, como puede apreciarse en la pronunciación; mientras que en los centros rurales, donde conviven las mismas familias durante siglos, el habla ancestral se conserva con ligeros cambios.
• Dialectos Españoles: Ante todo conviene distinguir, por un lado, entre las lenguas peninsulares actuales, el catalán (cuyos dialectos son el mallorquín y el valenciano), el gallego, portugués y por otro los auténticos dialectos del castellano (leonés, aragonés, extremeño). Los primeros son formas independientes, lenguas... Para seguir leyendo ver: Dialectos Españoles
La influencia geográfica
Generalmente la geografía, con sus fronteras y áreas de expansión naturales, laboró en favor del nacimiento y conservación de las formas dialectales antiguas.
El fenómeno es observable incluso dentro de los límites de un mismo país, donde a las diferencias físicas corresponden rasgos lingüísticos peculiares.
En una misma isla como Gran Bretaña podemos encontrar así numerosas variantes idiomáticas. Ya tempranamente se forma un dialecto en las Tierras Bajas de Escocia, en el antiguo reino de Northumbria, cuyo territorio se extendía desde el Humber al Forth.
Esta rama del inglés septentrional se divide en tres grupos: 1) el del nordeste (desde el Tay al Firth de Pentland), con tres subdialectos: 2) el central, con cuatro subdialectos; y 3) el meridional que, con pequeñas variantes, se habla desde el Tweed al Firth de Solway.
Lo mismo cabría decir de Francia, Alemania, Italia y otros países de rica variedad dialectal.
Dialectos americanos
El habla de los países hispanoamericanos no se considera separada de la española en ningún aspecto, sino una prolongación de la misma, como lo demuestra el hecho de que la Academia Española incorpore a su Diccionario constantemente voces procedentes de esos países.
Otro tanto podría decirse con respecto al portugués y al brasileño, si bien en este caso se aprecian diferencias más profundas.
Dialectos híbridos
El contacto y relaciones entre gentes pertenecientes a dos familias lingüísticas diferentes puede dar origen a dialectos híbridos.
El «alemán de Pensilvania» es una mezcla de alemán meridional e inglés; en la costa norteamericana del NO la lengua comercial de los indios fue la llamada jerga chinook, compuesta de indioamericano, franco canadiense e inglés. En fin, en Extremo Oriente existe el pigdin, amalgama de chino e inglés.

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