Los emperadores Han restablecieron el Confucianismo y las enseñanzas clásicas e hicieron de ellas la base de un sistema de exámenes para los cargos públicos, sistema que, modificado más tarde, prevaleció en la educación y gobierno de China durante siglos. Durante la dinastía Han floreció el Budismo. Los historiadores tradicionales chinos dividen esta dinastía en Han occidental, hasta el año 9 d. de J.C., y Han oriental, 25-219 d. de J.C. En sus últimos años la debilitada dinastía «perdió el mandato del cielo», explicación tradicional china del fracaso de un emperador y justificación de un movimiento revolucionario. Del 220 al 265 hubo tres reinos: Shu, rama de la familia Liu (Han), en Szechwan; Wu, bajo la familia Sun, al S del Yang-tse; y Wei, gobernado por los Tsao, en el N. En el 265 Tsin restauró la unidad del Imperio, pero la guerra civil, junto con las invasiones del N, volvió a traer un periodo de luchas y anarquía con otra serie de efímeras dinastías. Del 589 al 617 la dinastía Sui reorganizó la administración, reconstruyó partes de la Gran Muralla y reparó o construyó el canal que unía el Hoang-ho y el Yang-tse-kiang.
Para más información ver: China, país.
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