La industria conservera experimentó también considerable incremento durante la Guerra Hispanoamericana y la I Guerra Mundial. En el transcurso de la II Guerra Mundial la producción do, alimentas corrientes sobrepasó con mucho las mayores cifras conocidas, a pesar de que las restricciones gubernamentales impidieron a los civiles el consumo de ciertos productos enlatados que se consideraron necesarios para las fuerzas armadas.
Esta industria es importantísima en los Estados Unidos. Producen cientos de clases de alimentos: frutas, verduras, zumos vegetales, sopas, carnes, pescado, leche y productos especiales en recipientes de cristal y latas. Con pocas excepciones la industria se desarrolló en pequeñas fábricas, la mayor parte de las cuales se hallan enclavadas en ciudades de tercer orden o en zonas rurales.
La ubicación de las fábricas conserveras en zonas rurales o adyacentes reduce el tiempo de transporte de las materias primas del campo a la fábrica y permite la utilización de los frutos en el momento de su sazón.
Las fábricas de conserva de pescado se sitúan en zonas próximas a los puertos en que se descarga la pesca. En general, la industria conservera ha desempeñado un papel importante en la lucha contra las enfermedades producidas por avitaminosis. El escorbuto y la pelagra son virtualmente desconocidos donde se consumen vegetales y frutas en conserva. El uso de alimentos en conserva supone además, en líneas generales, ahorro de tiempo, dinero y trabajo.
Para más información ver: conservera, industria (historia).
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