Además de las habitaciones familiares, las casas romanas disponían del tablinum, donde se conservaban los archivos familiares. Las casas de los patricios pudientes contaban a menudo con dos comedores: uno fresco para verano y otro resguardado para invierno. Cuando había espacio suficiente, se construía un peristilo o patio-jardín en la parte posterior. Los materiales de construcción más comunes eran mampuestos, ladrillos y adobes, que se recubrían de yeso; en la parte superior se colocaban a guisa de protección varias filas de ladrillos cocidos. Abundaban las paredes de argamasa, así como los suelos de mosaico y mármol; en las casas modestas se usaban baldosas de cerámica sin vidriar y suelos de argamasa.
En sus colonias del norte (Germania, Britania) los romanos calentaban sus casas con hipocaustos, que consistían en conductos de aire caliente bajo el pavimento de mosaico, asombrosamente semejantes a los usados en los sistemas ultramodernos de calefacción por calor radiante y a las llamadas «glorias de Castilla» en la Tierra de Campos.
Para más información ver: casa.
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