La motricidad es controlada por el sistema locomotor, que es coordinado por la corteza cerebral y estructuras secundarias que lo modulan.
La motricidad se refiere a la capacidad del cuerpo humano para llevar a cabo movimientos y desplazamientos. Este conjunto de funciones permite desde acciones simples como levantar un objeto hasta movimientos complejos como bailar o practicar deportes.
Ejemplos de uso: "Después del accidente, tuvo que realizar terapia para recuperar su motricidad y poder caminar nuevamente".
"El accidente cerebro vascular afectó su motricidad".
La motricidad fina se refiere a la habilidad para realizar movimientos precisos y delicados que requieren el control de pequeños grupos musculares, como los necesarios para escribir, dibujar, abotonarse una camisa o manipular objetos pequeños con destreza.
Ejemplos de uso: "El niño desarrolló su motricidad fina al aprender a recortar figuras con tijeras"
"Luego del ACV tuvo que reentrenar su motricidad fina".
La motricidad gruesa se refiere a la capacidad para realizar movimientos que implican el uso de grandes grupos musculares y coordinación general del cuerpo, como caminar, correr, saltar o realizar actividades físicas que demandan un esfuerzo motor más amplio.
Ejemplo de uso: "El entrenamiento de motricidad gruesa en la infancia es fundamental para el desarrollo físico y la coordinación motora en etapas posteriores".
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