Puede obedecer a diferentes causas, principalmente la caries dental.
La primera sensación dolorosa no se produce hasta que la caries atraviesa la cutícula de esmalte, totalmente desprovista de nervios, y llega a la próxima capa dura (dentina o marfil).
La dentina, que contiene en su cavidad interior minúsculas prolongaciones del «nervio» (pulpa), es, contrariamente a lo que se cree, más sensitiva en su unión con el esmalte que junto al «nervio».
Los dulces, líquidos fríos o calientes y alimentos salados o agrios pueden ocasionar un dolor más o menos intenso, según la importancia del ataque y el grado de descomposición de la dentina.
Si el dolor desaparece al cabo de unos segundos de producida la irritación, puede suponerse que la dentina se halla expuesta por la caries, la retracción de la encía (en el cuello del diente), las erosiones o el desgaste excesivo (superficies masticatorias o bordes cortantes).
Sólo el inmediato tratamiento odontológico puede corregir tal anomalía o suprimir el dolor eficazmente.
Al progresar la caries, las bacterias penetran en la pulpa y originan una irritación suave. Se produce entonces un moderado flujo sanguíneo a la pulpa, modo por el que el organismo intenta rechazar la invasión y sobreviene un dolor más agudo y prolongado.
Sigue luego la inflamación aguda de la pulpa (pulpitis), con fortísimos y persistentes dolores subsiguientes a la irritación provocada por el frío y sobre todo por el calor o bien sin provocación externa alguna.
Como la pulpa se encuentra aprisionada entre las rígidas paredes de la dentina, no puede hincharse como otros tejidos inflamados.
Así el exceso de sangre, al presionar sobre los nervios de la pulpa, provoca terribles dolores sincronizados con los latidos cardiacos.
Todo ello se ve agravado con el aumento de aporte sanguíneo a la pulpa, lo que explica su exacerbación por la noche, originada por el calor de la cama y la posición decúbito prono del cuerpo.
La aplicación de compresas frías proporciona cierto alivio, pero la pulpa no resiste generalmente tal ataque y muere pronto.
La pulpitis crónica produce dolores más suaves, acompañados frecuentemente de irradiaciones simpáticas a través de la mandíbula y la cara sin causa aparente alguna.
Suele resultar difícil identificar el diente dañado, sobre todo si en las piezas vecinas abundan los arreglos protésicos.
Estos dolores simpáticos o neurálgicos, que siempre nacen en el mismo lado de la cara en que se siente el dolor, pueden emigrar siguiendo los troncos nerviosos desde el maxilar inferior al superior, la mejilla, la frente o el cuello, pero no recorrer el camino inverso.
Así el dolor de la mandíbula superior puede provenir de cualquier diente implantado en ella o en la mandíbula inferior, pero el de ésta sólo puede ser causado por un diente suyo.
En la localización de la causa prestan gran servicio las radiografías y las pruebas eléctricas que determinan la vitalidad, de la pulpa.
En breve plazo la pulpitis crónica reviste carácter agudo, muere la pulpa y cede el dolor, pero, de no tratarse el diente precozmente, la pulpa muerta puede originar una infección en el maxilar en torno al ápice de la raíz (v. Prótesis).
Ello puede desembocar en un absceso dental agudo o crónico, causante de fuertes dolores a la menor presión, acompañados de hinchazón en los maxilares y rostro.
Sólo la administración de sedantes, los pediluvios calientes y la extracción del pus, caso de haberlo, pueden proporcionar cierto alivio hasta la extracción del diente.
La neuralgia trifacial (trigémina), que no ha de confundirse con los dolores neurálgicos descritos anteriormente, provoca terribles y súbitos dolores faciales, que, al parecer, tienen su origen en los dientes.
Para su alivio aún no se ha encontrado tratamiento dental alguno, ni siquiera la extracción de los dientes, ya que la causa no reside en ellos, sino en un nervio dañado del maxilar.
Únicamente pueden mitigar el dolor las inyecciones profundas de alcohol en la zona álgica o la ablación quirúrgica del nervio que conduce al cerebro la sensación dolorosa.
Las enfermedades periodontales producen bolsas entre los dientes y encías. La acumulación de partículas alimenticias en estos tejidos tan delicados puede ocasionar intensos dolores.
El diente se torna muy doloroso y las raíces expuestas se muestran sensibles a los cambios de temperatura. Las infecciones de estas bolsas van acompañadas comúnmente de odontalgia. Véase Piorrea y gingivitis.
La oclusión traumática (presión excesiva sobre algún diente por masticación anormal) puede provocar dolor y debilitamiento en los dientes afectados y la destrucción gradual del hueso que los rodea.
Análogas consecuencias acarrearán las prótesis (piezas, coronas y puentes artificiales), que, por demasiado grandes, supongan una presión excesiva para los dientes.
Los cambios súbitos de temperatura en la cavidad bucal pueden también provocar odontalgia, incluso en dientes indemnes, sin caries ni prótesis.
Las piezas de oro y «plata» (amalgama) son excelentes conductores del calor y el frío y pueden transmitir muy fácilmente a la pulpa los cambios térmicos.
Causan asimismo dolor las irritaciones químicas o mecánicas de la pulpa por acción de ciertos medicamentos o una prótesis excesiva. De no suprimirse los irritantes, la acción química o mecánica puede conducir a una pulpitis crónica con odontalgias suaves.
La concurrencia de varios metales como el oro y la «plata» (amalgama) en un mismo diente o en los adyacentes genera a veces una minúscula corriente eléctrica o galvánica que puede ser odontàlgica.
Los viajes en avión a gran altura suelen provocar asimismo odontalgias por los efectos del cambio de presión en la pulpa. Los cálculos en el interior de ésta, al presionar sobre los nervios, engendran dolor.
En fin, las infecciones, heridas y golpes en cara y nariz (sinus) pueden producir odontalgias más o menos intensas.
Para más información ver: diente.
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