En olivares tradicionales la densidad está entre los 200 y 300 olivos por hectárea.
Esta técnica tiene un alto coste de implantación y necesita gran cantidad de agua. También requiere variedades de olivos específicas para plantar en setos (como la Arbequina, la Koroneiki o la Arbosana).
En la actualidad el olivar superintensivo muestra ser mucho más rentable que el tradicional en muchos casos.
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