Se suele dar por usos y costumbres, en regionalismos, por dificultad de pronunciar palabras prestadas de otro idioma, pero también por algún motivo como figura retórica.
Como figura retórica, se puede usar como efecto sonoro, estilístico, para crear rima, como licencia poética o para completar la métrica.
Ejemplos de paragoges:
- felice por feliz.
- fraque por frac.
- huéspede por huésped.
- verdade por verdad.
- hicistes por hiciste.
- vida por vi.
- dijistes por dijiste.
- mare por mar.
- ruindade por ruindad.
- vírgen por vírgene.
Generalmente el sonido paragógico en español es la e, como en ruindade, alfamare y vírgene. En la época medieval esta e fue, en efecto, un desarrollo normal del latín.
El paragoge es particularmente común en el portugués brasileño, no sólo en las palabras de préstamo sino también en la derivación de palabras. También está presente en los acentos de muchos brasileños mientras hablan idiomas extranjeros.
Algunas lenguas han sufrido el paragoge como un cambio de sonido, y las formas modernas son más largas que las formas históricas de las que derivan. El italiano «sono» (yo soy), del latín sum, es un ejemplo. A veces, como arriba, la vocal paragógica es una vocal de eco.
La palabra arcaica portuguesa "ante" se le ha añadido una "s", formulando así la palabra actual "antes".
Dialectos italianos como el salentino, a los que no les gusta la pronunciación ossona, no dicen «sì» sino «sine», no dicen «no» dicen «none»; el dialecto toscano contempla «sì» y «sìe», «chi» y «chie».
Algunos idiomas añaden un sonido al final de una palabra de préstamo cuando de otra manera terminaría en un sonido prohibido. Por ejemplo, la palabra inglesa «rack» al finés «räkki».
Algunos idiomas añaden un final gramatical al final de una palabra de préstamo para hacerla declinable.
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