No es atacado por el aire seco, pero en presencia de aire húmedo se recubre pronto de una capa de carbonato básico que lo protege de la oxidación. En atmósfera de aire o de oxígeno, suficientemente calentado, arde para formar óxido de cinc. El metal puro se deja atacar lentamente por los ácidos concentrados en frío; se disuelve en el ácido sulfúrico caliente con desprendimiento de anhídrido sulfuroso y en los ácidos clorhídrico o sulfúrico diluidos libera hidrógeno gaseoso. Reacciona con el vapor de agua, produciendo óxido de cinc e hidrógeno, y con las soluciones concentradas de hidrógeno sódico para dar cincato sódico, Na2ZnCO2, e hidrógeno.
Para más información ver: cinc.
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