En la antigüedad se le atribuyeron multitud de significados. Entre cartagises y fenicios fue empleada como instrumento de sacrificio a Baal. Los persas la consideraban un talismán contra el mal y la muerte. Para los galos era un símbolo solar dotado de poderes creadores y fructificadores. En América Central y Meridional los indios rendíanle culto como a representación del dios de la lluvia. Figuró con carácter preponderante en los ritos de diversos cultos fálicos. De estos ejemplos se deduce claramente que, bien significara vida (fertilidad, lluvia, falicismo), bien simbolizara muerte (fue usada como medio de ejecución por persas, asirios, egipcios, griegos, romanos y judíos), nunca fue objeto neutro. Los cristianos parecen haber llegado a una síntesis única al conjugar en ella los dos extremos de vida y muerte. Jesús, aunque torturado y muerto, renació victorioso. La idea de una nueva vida a través de la muerte se hizo fundamental en el Cristianismo: la cruz vino a simbolizarla. El nuevo concepto era tan amplio que los cristianos pudieron interpretar los diversos usos paganos de la cruz como señales o presagios de la venida del Redentor.
La cruz se ha empleado también simbólicamente en la esfera profana. Pero salvo en casos excepcionales en que sirvió de enseña militante, como en el del Ku-Klux-Klan (Caballeros de la Cruz Llameante) de la Norteamérica posterior a la Guerra de Secesión y el nacionalsocialismo alemán (cruz gamada) antes y durante la II Guerra Mundial, en los demás su valor es puramente emblemático. La «cruz» de la Cruz Roja, la cruz simbólica de diferentes asociaciones y hermandades y las usadas bajo formas variadas en las enseñas nacionales (como la de la Unión Jack de Gran Bretaña) representan sólo el deseo de identificación de quienes la usan con el Cristianismo.
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cruz.
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